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El Visitante de Puerto Rico

Salir solos

El psicólogo, durante una animada conversación con la pareja, dictaminó: “Creo que les ayudaría mucho salir fuera al menos dos veces por semana”. Y el marido: “bien, doctor, ella sale los martes y yo los viernes”. Es chiste.

Salir solos
P. Jorge Ambert S.J.Por P. Jorge Ambert S.J.26 de junio de 2026 · 3 min de lectura

El psicólogo, durante una animada conversación con la pareja, dictaminó: “Creo que les ayudaría mucho salir fuera al menos dos veces por semana”. Y el marido: “bien, doctor, ella sale los martes y yo los viernes”. Es chiste. Triste realidad en algunos centrados sólo en sus propios pensamientos y provecho. Pero, el consejo del psicólogo es meritorio. Apunta a un descuido que afecta a las parejas, pasadas las gloria y alegrías de la boda.

El problema es que, pasado ya el momento de la celebración gozosa del amante conquistado, la pareja se envuelva en las obligaciones consecuentes. Me refiero, sobre todo, a las parejas de algún tiempo y, sobre todo si ya hay prole. El matrimonio se convierte “en un fastidio, un bostezo, un correr para darle cara a las obligaciones nuevas, pagar la hipoteca, cumplir con el jefe”, comentaba alguien. Es decir, se convierte en una carga, en responsabilidades para sostener el trabajo, atentos al presupuesto, a las presiones de agentes externos, en un fastidio, en suma. Y fácilmente, se encuentra al culpable en la pareja que complicó su vida sacándola del gozoso caminar “a mi manera”.

Salir solos significa sacar alguna vez al mes, o antes, el salir fuera sin compañía (ni hijos, ni familia, ni amigos) casi casi como lo hacían cuando en las escapadas de novios. Sin duda que aquella etapa ya no vuelve, pero sí vuelve el gozo de la compañía. Y sirve orara revisar, al mismo tiempo, cómo va el negocio de nuestra felicidad matrimonial: qué logramos, qué debemos planear mejor, qué preocupaciones van surgiendo en la marcha del hogar. Al mismo por unas horas de la noche nos imaginamos en el idilio antiguo, en que buscaban escaparse de otros para estar solos.

Uno de los muchos aspectos de la vida de Mons Antulio Parrilla lo recuerdo con admiración. Antes, y sobre todo pasado el tumulto de los años agitados en su búsqueda de justicia social plena, solía Monseñor ir un fin de semana al mes con nosotros en Casa Manresa. Era como el novicio que saca un día para retiro espiritual. Era una ocasión de más orar, de lecturas, reflexión, escribir en la atmósfera de una comunidad de oración y apostolado. Era un refrescarse en la fuente original de su llamada. ¿Por qué no obrar así los esposos?

De Houdini, el excéntrico mago de las escapadas imposibles se cuenta que se ponía a veces de acuerdo con su esposa, para que esta, disfrazada de otra mujer, le esperase en un lugar apartado poco iluminado. Llegaba él como el marido infiel que consiguió su amante y ambos se escapaban a revivir su amor. Parecía una escena de película. No hablo de que se metan a actores, pero creo que la idea está clara. Se trata de darle fulgor a lo que ya se apaga, de liberar del polvo a los muebles queridos o las fotos que hace tiempo yacen sobre la mesa, de brillar los zapatos del matrimonio que van perdiendo, sin darte cuenta, su brillo y valor original.

Escápate, no como quien odia u olvida sus obligaciones, sino como quien busca vida para comenzar de nuevo lo que ya se va convirtiendo en rutina, en fastidio, en ir juzgando como tonterías. o gestos sin sentido. lo que antes deseaban poseer con tanto ahínco.

Escápate, para crear de nuevo lo que ya es viejo, pero que guarda aún novedades en tu manera de ver las cosas, distinta ahora según cargan los años. El agua del río que te alegró de novios no es la misma, pero el río prosigue y arrastra consigo troncos o malezas o colores distintos que bajan de la montaña.

P. Jorge Ambert, SJ

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