La Misericordia de Jesús nos lleva a puerto seguro
¿En situaciones complicadas han pensado hacia qué o a qué nos aferramos? En nuestra humanidad, nos aferramos a recursos terrenales que estén presentes junto a nosotros y que nos ayuden a seguir hacia delante.

¿En situaciones complicadas han pensado hacia qué o a qué nos aferramos? En nuestra humanidad, nos aferramos a recursos terrenales que estén presentes junto a nosotros y que nos ayuden a seguir hacia delante. Todos cuando atravesamos situaciones complicadas en el espíritu o en la fe, necesitamos recurrir alguien o algún espacio que nos haga sentir seguros. La palabra que viene a la mente de muchos es seguridad y tranquilidad. Sentir que pueden respirar hondo sin tener que preocuparse por nada.
Siempre comparo este proceder con la barca de la vida en la cual estamos todos los días remando. Sobrecargamos la barca con cosas terrenales que no necesitamos y necesariamente no son las más indicadas. En ocasiones, podemos hasta llegar a hundir nuestra propia barca sin darnos cuenta. No lo hacemos a propósito, pero Dios en su misericordia lo ve todo y busca hacernos entender que su presencia es indispensable. Él respeta nuestro libre albedrío en todo momento, pero su amor es tan grande, que poco a poco nos comparte señales muy hermosas, para que nuestro corazón reconozca que vienen solo de Él.
Nuestra vida misma y el día a día es el mejor ejemplo de esta barca. ¿Acaso han meditado de lo mucho que se asimila la travesía de un naufrago en el mar con lo que un laico atraviesa en su día a día? Es por eso, que la barca de la vida hay que remarla con fuerza y paciencia. Pero recordando siempre y teniendo en perspectiva que en algún momento nuestras fuerzas humanas pueden agotarse.
Es por eso, que desde antes de decidir como vamos a remar nuestra barca, debemos clamar por la presencia del mejor compañero en ella: Jesús. Honremos su presencia en nuestra vida y démosle la bienvenida a nuestra barca. Aunque haya tempestad en la barca, Jesús siempre será el capitán. Él tiene un mapa en mano que nosotros no tenemos. A través de guía divina, el puede transformar el miedo en una fe inquebrantable, garantizando armonía en nuestra travesía.
Jesús, en su Misericordia, nos da la oportunidad de navegar sin miedo, sin ceder por ningún motivo ante la desesperación y la angustia, incluso cuando se siente que no hay más que hacer. Cuando el mar se vea aparentemente peligroso, puertas se cierran, no desesperes. Donde otros ven un final, Jesús abrirá nuevas rutas y caminos. La fe es ver esperanza sin fin en lugar de un final sin esperanza. La misericordia es fe, esperanza y un corazón lleno de nuevas fuerzas para la mejor ruta para tu barca de la vida.
Recuerda traer a bordo a Jesús, no se arrepentirán. Fue el propio Jesús, que permitió que los apóstoles vieran como Él calmó las aguas y el vientos. ¿Creen que Él no podría hacer lo mismo en tu vida? Esto no solo nos garantiza llegar a puerto seguro y con propósito, nos provee paz y seguridad. ¡Que Santa Faustina y Jesús de la Divina Misericordia los protejan hoy y siempre! ¡Jesús en ti Confío!
