De la fábrica al algoritmo: Magnifica Humanitas y la dignidad humana en la era de la inteligencia artificial
En 1891, León XIII miró las fábricas de su tiempo y vio algo más que máquinas, humo y producción. Vio rostros cansados, familias heridas, jornadas inhumanas, salarios injustos y una economía que comenzaba a tratar al trabajador como una…

En 1891, León XIII miró las fábricas de su tiempo y vio algo más que máquinas, humo y producción. Vio rostros cansados, familias heridas, jornadas inhumanas, salarios injustos y una economía que comenzaba a tratar al trabajador como una pieza reemplazable. Sobre estas «cosas nuevas», reflexionó en su encíclica Rerum Novarum. No fue una condena al progreso industrial, sino una defensa del ser humano cuando el progreso amenazaba con reducir su dignidad.
Aquella intuición sigue siendo actual. Las cosas tienen precio, pero las personas tienen dignidad. Nunca pueden ser usadas simplemente como medios, porque poseen un valor que no se calcula ni se compra. Esta verdad, expresada también por el filósofo Immanuel Kant, ilumina con fuerza los desafíos de nuestro tiempo.
Hoy nos enfrentamos a una revolución más acelerada, más potente y mucho más cercana. Es la revolución digital, donde la inteligencia artificial (IA) toca y transforma nuestro modo de ser y estar en el mundo. Ya no se trata solo de nuevas herramientas. Se trata de una transformación cultural y la percepción del mundo que nos obliga a preguntarnos qué significa ser persona, ser inteligente, pensar, decidir, amar, sentir compasión y vivir en relación con los demás.
La fábrica tiene nuevas formas. Ya no siempre tiene chimeneas ni portones enormes. Muchas veces cabe en el bolsillo. Brilla en una pantalla. Nos acompaña en la mesa, en la cama, en la escuela, en el trabajo, en la Iglesia y hasta en los momentos de descanso. El teléfono se ha convertido en una extensión de nuestra memoria, nuestra atención, nuestros gustos, nuestros miedos, nuestra afectividad y, poco a poco, también de nuestras decisiones.
Si Rerum Novarum interpretó las «cosas nuevas» de la Revolución Industrial, Magnifica Humanitas, la primera encíclica del Papa León XIV, nos invita a leer las «cosas nuevas» del mundo digital. Podríamos llamarlas, con una imagen actual, una rerum digitalium: la nueva cuestión social del algoritmo, de los datos, de la IA y de las plataformas que modelan buena parte de nuestra vida cotidiana. Influyen en lo que vemos, deseamos, compramos, pensamos, comunicamos y hasta en cómo descansamos.
Por eso, la pregunta oportuna no es solo qué puede hacer la IA. Sin duda, su potencial es enorme. Puede ayudar a curar, educar, organizar, investigar nuevos fármacos, construir, comunicar y servir mejor. Pero la pregunta más profunda es otra: ¿qué puede hacerle la IA al ser humano? No basta celebrar su velocidad, su capacidad de cálculo o su eficiencia. Hay que discernir si ayuda a custodiar la dignidad humana o si, por el contrario, reduce a la persona a dato de mercado o un dato de guerra, de rendimiento, consumidor o de perfil de comportamiento.
León XIII defendió al obrero ante una economía que podía triturarlo. León XIV nos invita ahora a defender a la persona ante una cultura tecnológica que puede medirlo todo, predecir mucho y manipular demasiado. En el siglo XIX, el cuerpo del trabajador podía ser explotado por jornadas interminables. Hoy, también, pueden ser explotadas la atención, la intimidad, la ansiedad, la soledad y la fragilidad de quien busca consuelo en una pantalla.
P. Samuel Velásquez Serrano
