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El Visitante de Puerto Rico

Crecer

El crecer en el matrimonio supone búsqueda, nuevos datos que florezcan en nuevas alternativas. La savia del tronco sigue su continuo ascenso, como los cangilones de la nostálgica noria suben el agua, que es la misma, pero que es distinta.

Crecer
Closeup of an silhouette couple holding hands at the beach during a beautiful sunset.
P. Jorge Ambert S.J.Por P. Jorge Ambert S.J.17 de junio de 2025 · 3 min de lectura

El crecer en el matrimonio supone búsqueda, nuevos datos que florezcan en nuevas alternativas. La savia del tronco sigue su continuo ascenso, como los cangilones de la nostálgica noria suben el agua, que es la misma, pero que es distinta. San Ignacio, espiritualmente, hablaba de los que “van de bien en mejor subiendo”.

¿Cómo sacar más savia? ¿Cómo explotar más científicamente la mina de felicidad que el Creador puso en la relación conyugal? Con el ánimo preparado al proceso que sigue toda experiencia, con el oído atento a quien me pueda brindar nuevos datos. En esto insisto ahora. Nos da confianza el médico que no se contenta con los cursos aprendidos, sino que continuamente saca el tiempo para estar al día con los nuevos avances. Nos asusta el profesional que detuvo los conocimientos de su arte en el día de la graduación universitaria.

Me gustan las parejas así, tomando el crecimiento propio como el negociante los nuevos mercados y el artista la nueva movida. Si has participado como pareja en conferencias do Talleres religiosos o psicológicos, no los asumas como el punto de partida y el final. Aunque esa experiencia haya constituido un hito en tu vida. Existe la Renovación Conyugal. Tiempo después te ayudaría participar del Encuentro Matrimonial. Habrás oído hablar de la Escuela de Padres, con el objetivo de afilar tus machetes en la difícil tarea de criar. En varios lugares se imparten técnicas sicológicas para mejor la autoestima o la relación con el otro. Existen los terapistas sexuales y otros profesionales de la conducta para abrir nuevas avenidas y riquezas matrimoniales.

La lista es larga. Ahí yacen los manantiales esperando bocas sedientas que aprovechen sus aguas. El vivir felizmente como casados es tan primordial que merece la pena el tiempo y dinero que se invierta para afianzar esa experiencia. Queda todavía un camino y es la experiencia que incorpore mi fe religiosa y mis valores trascedentes para centrar esta unidad que es mi matrimonio. Hablo del encuentro con un Dios que no sea el personal e indivisible de siempre, sino el que se vuelve conyugal, el que se convierte en estructura básica de esa unión. Hablo de una experiencia que afecte ese yo nuevo que surgió de la unión perfecta de dos “tus”, hundidos ya en las páginas olvidadas de una vieja e imperfecta soltería.

Como ven, hay caminos de crecimiento para poder clamar mejor “Casado y feliz”. Lo curioso es que el no insistir en esta búsqueda es ya una forma de perder ímpetu. Como en la canoa que va río arriba, el mero no remar es ya ser arrastrado y perder lo conseguido hasta ese momento. Muchas parejas se sumen en la mediocridad, o en una insatisfacción agónica y prolongada, porque nunca se preocuparon de dar el remazo adicional. Por mi propia egoísta felicidad merece la pena.

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