Cierre del Mes del Rosario en la Gruta de Lourdes: dos parroquias, un solo corazón
Cayey, 30 de octubre de 2026. Al caer la tarde, las feligresías de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, de Cayey, y de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, de Montellano, se congregaron para la segunda peregrinación a la Gruta…

Cayey, 30 de octubre de 2026. Al caer la tarde, las feligresías de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, de Cayey, y de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, de Montellano, se congregaron para la segunda peregrinación a la Gruta de Lourdes, en el barrio Jájome Alto. Acompañados por los diáconos Edwin, Ángel y Lino, y por los sacerdotes Padre Bruno, Padre Félix y Padre Luis, y con la cruz al frente, los fieles caminaron entre cánticos de alabanza hasta llegar a la Gruta. Allí, a la luz de las linternas y entre la vegetación, rezaron el Rosario Misionero. Cerca de 600 personas se unieron a la oración.
Dos parroquias, un solo corazón, unidas por la Virgen María. Pueblo que reza unido se mantiene unido.
Una gruta con noventa años de historia

La Gruta de Lourdes se encuentra en la carretera PR-15, kilómetro 15.5, en Jájome Alto. Su origen es una historia de fe, sanación y gratitud familiar. En la década de 1930, doña Enriqueta Díaz Anes enfermó gravemente. Según la tradición familiar, recuperó la salud después de pasar un tiempo cerca del manantial de Jájome Alto. Su hija, Amalia Calimano Díaz, agradecida, mandó a construir la gruta en 1936. Así, un lugar de agua y naturaleza se convirtió en un santuario mariano para el pueblo.
La devoción tiene un modelo universal. En 1858, la Virgen se apareció a la joven Bernadette Soubirous en la gruta de Massabielle, en Lourdes, Francia. Desde entonces, las grutas dedicadas a Nuestra Señora de Lourdes se han levantado en todo el mundo como lugares de oración y esperanza. La de Jájome Alto es la versión cayeyana de ese testimonio.

La familia Calimano conservó esta memoria. Enriqueta Rovira Calimano, descendiente de la familia, la preservó y la transmitió como un legado. Noventa años después, la Gruta sigue siendo lugar de peregrinación, y las dos parroquias hermanas caminaron hasta ella para cerrar el Mes del Rosario.
