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El Visitante de Puerto Rico

Brillantes pero crueles: la otra calificación que nadie quiere ver

¿Empatía hacia los agresores? Pablo era el orgullo del colegio, promedio perfecto y becas a la vista. Había, sin embargo, otra «habilidad» que nadie evaluaba.

Brillantes pero crueles: la otra calificación que nadie quiere ver
P. Samuel VelasquezPor P. Samuel Velasquez6 de octubre de 2026 · 4 min de lectura

¿Empatía hacia los agresores?

Pablo era el orgullo del colegio, promedio perfecto y becas a la vista. Había, sin embargo, otra «habilidad» que nadie evaluaba. Cada mañana esperaba cruzarse con Mario para hacerle bromas hirientes sobre su cuerpo, hacer memes con sus fotos y compartirlas. Mario dejó la cafetería. Luego dejó de hablar en clase. Una tarde, su mamá lo encontró encerrado en el baño con una navaja en la mano. Cuando el colegio aplicó un protocolo serio contra el acoso, el historial de Pablo salió a la luz. Fue suspendido. Su expediente cambió. La reacción de su madre fue inmediata: «¡Una equivocación de juventud no puede arruinarle el futuro!». Pero esa «equivocación» casi termina con el futuro de Mario para siempre.

El comportamiento también entra al examen

En Corea del Sur, varias universidades de élite han empezado a rechazar aspirantes con antecedentes de acoso escolar, aunque tengan notas excelentes. Desde 2026, todas estarán obligadas a considerar estos antecedentes en la admisión. El mensaje: La forma en que tratas a los demás pesa tanto como tu promedio. Esta actitud no es venganza, es una decisión cultural que quiere llamar la atención sobre lo que significa excelencia de los estudiantes; la excelencia sin empatía es un riesgo social.

El bullying no solo hiere sentimientos, altera cerebros

El acoso sistemático en la adolescencia no solo humilla, reconfigura el cerebro. El córtex prefrontal donde ocurre la regulación emocional y se toman la decisiones se altera bajo estrés crónico. El hipocampo, sede de la memoria y las emociones puede reducir su volumen. Por eso las víctimas de bullying tienen más riesgo de depresión, ansiedad y conductas autolesivas. No es «drama adolescente», son cicatrices invisibles. Si lo vemos con los ojos de la nuestra fe, el bullying contradice el Evangelio: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mc 12,31). Una gran dificultad es que si nosotros mismo nos amamos mal, amaremos mal, por eso Jesús nos pedirá un paso más adelante: «Ámense los unos a los otros como yo los he amado» (Jn 15,12). Ese es la medida del amor, respeto, consideración y empatía que debemos enseñar a nuestros niños, jóvenes y adolescentes.

Empatía madura: compasión con límites

En muchos colegios, cuando se confronta al agresor aparece la frase: «también hay que entender su contexto». Sí, hay que entenderlo. Pero no para borrar las consecuencias. Como recuerda el psicólogo Alberto Soler, cuando la empatía es mal entendida puede volverse contra la víctima, la cual termina justificando al agresor, sintiéndose responsable de su malestar o de su posible castigo. Es la trampa de la hiperresponsabilización emocional: cargar con el peso de todos, menos con el propio derecho a ser cuidada.

  • La empatía blanda minimiza el daño, protege el prestigio del agresor y deja sola a la víctima.
  • La empatía madura mira el dolor de la víctima, comprende la historia del agresor, pero mantiene límites y consecuencias.
  • La empatía cristiana no es «pobrecito, no sabía lo que hacía», sino, «eres más que tus errores, pero tus actos tienen peso y deben repararse».

Tres pasos concretos para escuelas y parroquias

  • Educar en empatía con límites: no solo «ponerse en los zapatos del otro», sino enseñar a decir: «te comprendo, pero lo que hiciste no está bien y no lo acepto». Desarrollar talleres, juegos de rol, círculos de diálogo… donde los chicos aprendan a reconocer su propia fragilidad sin descargarla sobre otros.
  • Consecuencias formativas reales: el acoso debe tener efectos tangibles; registro en el expediente, trabajo comunitario, acompañamiento psicológico, procesos restaurativos cuando sea seguro. La escuela católica puede mostrar que el perdón cristiano incluye reparación, no solo palabras bonitas.
  • Protocolos que prioricen a la víctima: canales confidenciales para denunciar, adultos formados para creer y actuar, no para minimizar o forzar «reconciliaciones» rápidas. La empatía auténtica cuida primero a quien está en riesgo.

Una pregunta importante en nuestras familias al final del periodo escolar no debe ser solo «¿qué calificación sacaste?», sino también: «¿cómo trataste a quienes tenían menos fuerza, menos voz, menos amigos?». Porque, según el Evangelio, el examen definitivo no será de matemáticas ni de idiomas, sino de amor concreto: «Cada vez que lo hicieron con uno de estos hermanos míos más pequeños, conmigo lo hicieron» (Mt 25,40). El bullying no es «cosa de chicos»: es el termómetro de cuánto creemos, de verdad, que cada adolescente es imagen de Dios. Corea del Sur empezó a escribirlo en los expedientes. Tal vez a nosotros nos toca escribirlo primero en la conciencia y en el corazón de nuestros hijos.

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