¿ABORTO ESENCIAL?
Con asombro mío leí en el Nuevo Día la opinión de una abogada y favorecedora de abortos. Yo entiendo por esencial lo que atañea la salud, educación, bienestar, seguridad del ciudadano. ¿Y en eso entra el abortar?

Con asombro mío leí en el Nuevo Día la opinión de una abogada y favorecedora de abortos. Yo entiendo por esencial lo que atañea la salud, educación, bienestar, seguridad del ciudadano. ¿Y en eso entra el abortar? Y afirma la aludida que es 12 más seguro abortar que parir. ¡Pues a abortar se ha dicho! No salgo de mi asombro. Son afirmaciones para defender el abortar como un derecho de la mujer, como lo es si se tiñe el pelo de rubio o de colorao. En buenas estamos. Lo que falta es afirmar el derecho a pegarle un tiro al que ofendió a mi madre o me robó algo. Ya estamos en la cultura del wild west, la ley del que desenfundeprimero.
Reconozco, y me duele inmensamente sin saber qué decidir, cuando hay un caso de violación con embarazo, o el de una adolescente ingenua que jugó con candela y quedó embarazada del amiguito, o el de una madre en miseria con varios hijos y de repente sale encinta. No sabría qué decir en estos casos, pues reconozco el dolor humano tanto al decidir el aborto, o asumir una responsabilidad que no veo forma de cumplir. Mucho más si los que no queremos abortos tampoco estructuramos apoyos de adopción sencilla o ayuda generosa en la carga que viene. Eso es tela de otro costal. ¡¡Pero de ahí a afirmar qué es esencial!! Jesús decía “es desgracia que existan escándalos, pero hay de aquel que escandaliza; más le valiera atarle una piedra al cuello y lanzarlo al agua”. Esencial es afirmar lo que es un bien innegable para mi realización como verdadero ser humano, hijo de Dios.
La vida humana, el bienestar genuino de otros seres humanos de veras, ha llegado a ser algo descartable, como tantas veces afirma el papa Francisco. Aquella afirmación de los paganos “soy humano y nada humano me es ajeno” ya no tiene valor ante mi deseo de descartar lo que molesta el paso. Triste pareja conocí en que el marido abandonó la casa porque ella había quedado embarazada. ¡Parece que las mujeres lo hacen sin darse cuenta! Si ella abortaba él volvía. No pude soportar el malestar y les afirmé ‘no les puedo ayudar’. Cuando se iban le dije a la mujer: “Ud decida lo que quiera, pero yo no me casaría con un individuo que piensa de forma tan barata de la vida humana”. O la otra joven que ya tenía dos o tres abortos a su haber, y ahora pensaba casarse. Lo de abortar era como escupir la flema de la boca.
No quiero ser desconsiderado. Sin duda es clarísimo el principio universal “no matarás”. Pero hay ocasiones más finas en que la aplicación del principio necesita más reflexión. Así aceptamos el matar en defensa propia. Y en un tiempo aceptábamos la pena de muerte, aunque ya no la valoran así los países más avanzados. O aceptar el concepto de guerra justa, que según San Pablo VI necesitaría muchas condiciones para declararla como tal. Aplicarel concepto a la posible vida evitándola usando métodos contraceptivos nos introduce en tema más fino todavía. Mas pienso habría más claridad cuando ya la vida humana sea genéticamente diferente a la de un caballo, aunque no aparezcaexternamente como la realización total del desarrollo humano. Si así fuera, le decía yo sarcásticamente a una profesora que defendía el aborto, “deje que nazca y si no es lo que ud. deseaba, entonces lo mata…”
En el teatro de oro español se consideraba el honor como el valor supremo. Por eso rimaba el caballero: “Al Rey la vida y la hacienda se ha de dar, mas no el honor, que es patrimonio del alma y el alma solo es Dios”. Y el mensaje de amor del MaestroJesús es que el valor supremo es la vida. “Yo vine para que tengan vida y la tengan más abundante”. Y la coleta es “y es vida desde que comienza a serlo de forma germinal y temblorosa”. En la semilla del mangó “ya tengo en esperanza el fruto incierto”. Y también en el embrión y el feto.
P. Jorge Ambert, SJ
Para El Visitante
