Una vida sembrando esperanza Monseñor Roberto Octavio González Nieves OFM
Dr. Mario J. Paredes, KGVHS Como director que fui, por tres décadas (1975-2000) del Centro Católico Hispano del Nordeste, con sede en Nueva York, tuve la grata oportunidad de compartir tareas durante diez años, con un empleado de dicha…

Dr. Mario J. Paredes, KGVHS
Como director que fui, por tres décadas (1975-2000) del Centro Católico Hispano del Nordeste, con sede en Nueva York, tuve la grata oportunidad de compartir tareas durante diez años, con un empleado de dicha entidad que, años más tarde, se convirtió en arzobispo de San Juan de Puerto Rico: el excelentísimo señor Roberto Octavio González Nieves, O.F.M.
El pasado 06 de agosto, después de aceptada la renuncia obligatoria de Monseñor Roberto González, estipulada por el Derecho Canónico de la Iglesia católica por cumplimiento de la edad para cesar en el ejercicio activo del ministerio episcopal, el Papa León XIV nombró nuevo pastor para liderar la iglesia local de San Juan de Puerto Rico, por lo que Monseñor Roberto González se convirtió en arzobispo emérito de la Arquidiócesis de San Juan.

Con sentimientos de afecto sincero por la amistad de tantos años, me propongo en estas líneas, trazar unas pinceladas del legado humano, cristiano y pastoral que nos deja Monseñor Roberto González, además de presentarle, en nombre de muchos, la gratitud que se merece por tantos años de generoso servicio sacerdotal a la Iglesia y a su amada patria: Puerto Rico.
Una brevísima semblanza de la vida de Monseñor Roberto Octavio González Nieves nos cuenta que nació en Elizabeth – New Jersey, Estados Unidos, el 2 de junio de 1950 y que, siendo niño, su familia se mudó a Puerto Rico donde hizo sus estudios de primaria y bachillerato en instituciones católicas y, luego, realizó estudios universitarios en Nueva York. Posteriormente, fue ordenado sacerdote de la orden franciscana en 1977. Su ministerio sacerdotal transcurrió en el Bronx – Nueva York, luego como obispo, desde 1988, sirvió en Bostón y en Corpus Christi.
En 1999 fue nombrado arzobispo de la Arquidiócesis de San Juan, donde sirvió como líder e importante figura de la iglesia católica en Puerto Rico hasta este 2026.
El lema del escudo episcopal de Monseñor Roberto: “VITA PER JESUM”: “La vida por Jesús o la vida en y a través de Jesús”, define, sintetiza y explica bien la vida y obra de este excelente ser humano y amigo, sacerdote y pastor. Se trata de una vida y un legado que refleja y nos enseña un discipulado permanente y honesto de la persona de Jesús de Nazaret y de su Buena Nueva. Porque Monseñor Roberto eligió vivir todo y en todo el seguimiento de Jesucristo como su “Camino, Verdad y Vida”.

Sólo una vida vivida como seguimiento sin tregua al Maestro de Nazaret, esclarece y explica el pastoreo, el magisterio doctrinal y el legado en obras de Monseñor Roberto. Discipulado que se tradujo siempre en servicio a la Iglesia, a la comunidad hispana migrante en los Estados Unidos y a las reivindicaciones por mayor dignidad, identidad y justicia social para todos los ciudadanos y hermanos de su amada Borinquen.
Fueron casi tres décadas de pastoreo al frente de la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico. Ministerio episcopal caracterizado por un sello franciscano, una exhortación permanente al compromiso ético en la convivencia social y a la defensa de las mejores causas del pueblo puertorriqueño.
Así, en sus Cartas Pastorales como en la titulada: “Patria, Nación, Identidad”, hizo defensa de la patria, la identidad y la cultura puertorriqueñas, reafirmando siempre la importancia de los valores y de la historia de Puerto Rico.
Su compromiso con la preservación del patrimonio histórico de la Iglesia y de la Isla hizo que apoyara iniciativas como la creación del “Altar de la Patria.”

Sus preocupaciones sociales en el ejercicio de su ministerio episcopal también se manifestaron en sus intervenciones exhortando a poner fin a los bombardeos de la Marina de los Estados Unidos en la isla municipio de Vieques, lo mismo que sus permanentes pedidos por la reestructuración y alivio de la deuda pública de Puerto Rico, priorizando el impacto humano sobre la población vulnerable.
Del mismo modo, Monseñor Roberto será recordado siempre por su ejemplar y cristiano acompañamiento con ayuda humanitaria a través de Cáritas y de las parroquias en las crisis nacionales o en desastres naturales y emergencias como el paso del Huracán María, los sismos del sur y la pandemia de COVID-19, así como su presencia, liderazgo y guía moral y ecuménica en momentos de inestabilidad política y tensión social.
Eclesialmente, Monseñor Roberto, promovió la formación religiosa permanente de los laicos, el desarrollo de colegios católicos y la modernización de las estructuras de evangelización de la Arquidiócesis.
Todas estas buenas acciones de Monseñor Roberto, quedan para siempre, como irremplazable legado, en la memoria histórica de Puerto Rico, enmarcadas en célebres intervenciones y sentencias de su pastoreo y magisterio, que muestran la profundidad de sus convicciones humanas y cristianas, la autenticidad de su discipulado y ministerio sacerdotal, su espiritualidad franciscana, la Doctrina Social de la Iglesia y el ánimo evangelizador de iluminar las realidades sociales con el Evangelio. Así, por ejemplo:
Sobre la misión de las instituciones, la ética pública y la responsabilidad moral en todas las esferas del poder, Monseñor Roberto dijo: «Ni las iglesias, ni los puestos, ni las industrias, ni los escaños políticos, ni los judiciales deben ser reinos de lucro, de corrupción, de injusticias… Todo lo contrario, el poder público y judicial, el económico, periodístico, el artístico y el religioso deben ser utilizados a favor del bien común para la promoción de la vida y la dignidad humana.»

Sobre las causas sociales, la identidad nacional, la paz, la justicia social y el compromiso ético por los sectores vulnerables, dijo: “Aún si la sociedad moderna extirpara completamente la pobreza, siempre habrá lugar para la caridad.». “«La meta que los cristianos en Puerto Rico debemos ambicionar es la meta del amor extremo: el amor que se da sin nada a cambio, que perdona y que no hace daño al prójimo.» “Ningún país puede sostener una economía sólida y dinámica sin un proyecto de patria.”
Sobre la Fe y el debido acompañamiento pastoral y evangelizador, dijo: «La Iglesia no cambia su esencia, pero evoluciona en sus respuestas a los desafíos del tiempo.»
Gracias Monseñor Roberto, por su siembra de esperanza que otros cosecharán. Que el futuro mida su vida y obra no tanto por sus logros como por su legado inspirador. Gracias por su vida entregada al Evangelio de Jesucristo y, por ello, a las causas más nobles del ser humano y de nuestros pueblos latinoamericanos. Tenga usted un merecido descanso por la misión bien cumplida.
Mucho éxito para el nuevo arzobispo de Puerto Rico, Monseñor Eusebio Ramos Morales, en su ejercicio pastoral y abundantes bendiciones para el noble pueblo de Puerto Rico.
