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El Visitante de Puerto Rico

Tejedores de fe y esperanza

En la figura de San José descubrimos un modelo de paternidad que trasciende la biología. Su silencio elocuente, su obediencia a la voluntad de Dios y su capacidad de custodiar a Jesús y a María lo convierten en ejemplo de santidad para los…

Tejedores de fe y esperanza
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Luis Enrique RamosPor Luis Enrique Ramos15 de junio de 2025 · 4 min de lectura

En la figura de San José descubrimos un modelo de paternidad que trasciende la biología. Su silencio elocuente, su obediencia a la voluntad de Dios y su capacidad de custodiar a Jesús y a María lo convierten en ejemplo de santidad para los padres de todos los tiempos. Sin embargo, más allá del padre de familia tradicional, hoy la vocación paternal se despliega en muchos rostros: el padre biológico, el abuelo que guía, el padrino que acompaña, el mentor que anima. Todos, en su medida, son llamados a ser sembradores de fe en el corazón de las nuevas generaciones.

Padres que siembran con su vida

En un mundo marcado por la prisa, la fragmentación de los vínculos familiares y la confusión sobre los roles, la figura del padre sigue siendo esencial. El padre presente, el que reza con sus hijos, los bendice antes de dormir y los acompaña en la vida sacramental, deja una huella imborrable. La Escritura lo dice con claridad: “El hombre justo se mantiene en su integridad: ¡dichosos los hijos que lo imiten!” (Prov 20,7).

La fe no se hereda como un apellido, sino que se transmite como una llama. Cuando un niño ve a su papá orar, perdonar, trabajar con honestidad, participar activamente en su comunidad eclesial y amar con ternura a su esposa, comienza a comprender qué significa confiar en Dios. No se trata de ser perfecto, sino de ser auténtico y coherente. El testimonio del padre es una catequesis viva, silenciosa pero poderosa.

Abuelos: raíces firmes, ramas nuevas

En esta red de paternidades, los abuelos ocupan un lugar privilegiado. Son muchas las historias de fe que comienzan en el regazo de un abuelo o en la cocina de una abuela. “La fe se transmite en dialecto familiar”, dijo el Papa Francisco en una ocasión, subrayando la importancia de estos lazos cotidianos. En tiempos donde muchas familias enfrentan crisis, los abuelos actúan como puentes de estabilidad y sabiduría espiritual.

Recordamos las palabras del apóstol Pablo a Timoteo: “pues traigo a mi memoria la sinceridad de tu fe, la que habito primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice” (2 Tim 1,5). Los abuelos son custodios de la memoria viva del Evangelio y pueden ser, hoy más que nunca, raíces que alimenten nuevas ramas.

Padrinos de Confirmación: misión espiritual

Otro rostro de la paternidad espiritual lo encontramos en los padrinos de Confirmación. Lamentablemente, muchas veces este rol se reduce a un mero trámite sacramental. Sin embargo, el padrino es llamado a ser testigo, guía y apoyo en la vida cristiana del ahijado. ¿Cuántos padrinos asumen esta misión con plena conciencia?

Ser padrino es ser compañero en la fe. Implica orar por el ahijado, acompañarlo en sus decisiones, alentarlo en su compromiso con Cristo. En hogares donde falta una figura paterna, el padrino puede representar una presencia significativa que marque la diferencia.

La comunidad como familia de fe

La paternidad también se vive en la comunidad eclesial. Hombres que asumen el rol de catequistas, líderes pastorales, mentores juveniles, ejercen una verdadera paternidad espiritual. Ellos enseñan con su ejemplo, corrigen con ternura, acompañan con misericordia. Son necesarios modelos masculinos que testimonien una fe madura, fuerte y tierna a la vez.

La Iglesia necesita hombres dispuestos a ser referentes. Hombres que vivan la Eucaristía, que se entreguen al servicio, que no tengan miedo de hablar de Dios con pasión y alegría. La comunidad parroquial puede y debe ser una “familia extendida” donde la fe se fortalezca a través de vínculos auténticos.

Ser padre: un acto de valentía y amor

Hoy más que nunca, ser padre —en cualquiera de sus formas— es un acto contracultural. Implica ir contra la corriente del egoísmo y de la indiferencia. Es comprometerse a amar sin condiciones, a acompañar sin invadir, a guiar sin imponer. Es mirar a los hijos con la ternura con la que Dios Padre nos mira.

El Papa Francisco, en su carta Patris Corde, nos recuerda que “los padres no nacen, sino que se hacen. Y no se hacen solo por haber dado a luz un hijo, sino por hacerse cargo de él con responsabilidad”. San José no pronunció palabras registradas en los Evangelios, pero su vida fue un mensaje claro: confiar, custodiar, obedecer, amar.

Que, en este Día de los Padres, reconozcamos y celebremos a todos los que, desde distintas vocaciones, ejercen esa misión tan grande como hermosa: tejer fe, esperanza y amor en el corazón de los hijos de Dios.

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