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El Visitante de Puerto Rico

Seguir apostando por la educación

Dr. Raúl R. Nieves Rivera, Superintendente de Escuelas Católicas, Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico Cada agosto se repite lo mismo: después de semanas de silencio, los salones vuelven a llenarse de voces, mochilas y nervios de…

Seguir apostando por la educación
Redacción EVPor Redacción EV7 de agosto de 2026 · 4 min de lectura

Dr. Raúl R. Nieves Rivera, Superintendente de Escuelas Católicas,

Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico

Cada agosto se repite lo mismo: después de semanas de silencio, los salones vuelven a llenarse de voces, mochilas y nervios de primer día. Ese regreso no ocurre solo porque el calendario lo marca. Detrás de cada salón que abre sus puertas hay meses de trabajo de personas que decidieron, otra vez, que vale la pena apostar por la educación de nuestros niños y jóvenes.

Escribo esto pensando en las escuelas católicas de la Arquidiócesis de San Juan, en las escuelas católicas de las demás diócesis de Puerto Rico, y en cada escuela pública, privada y especializada que se prepara para este nuevo año. No importa el sistema al que pertenezcamos: todos enfrentamos el mismo reto de formar a las próximas generaciones en un país que necesita comunidades educativas firmes y comprometidas.

Ese compromiso tiene nombre y apellido. Es el maestro o la maestra que prepara su salón una semana antes de que empiecen las clases. Es el director o la directora que revisa matrículas, horarios y necesidades de cada familia en julio. Es el equipo administrativo, las secretarias y el personal de oficina que sostienen el día a día de la escuela. Es el padre o la madre que, aunque el bolsillo esté apretado, encuentra la manera de tener a su hijo listo el primer día. Es el estudiante que regresa con la mochila nueva y, muchas veces, con más ansiedad de la que muestra. Son también el personal de mantenimiento, los de seguridad y las cocineras de los comedores y cafeterías, aunque casi nunca aparezcan en las fotos del primer día.

En las escuelas católicas tenemos, además, una razón que va más allá de la instrucción académica. Educamos desde una fe que le da sentido al esfuerzo diario, y seguimos creyendo que esa educación es una opción real para las familias de Puerto Rico, no un lujo ni un privilegio de unos pocos. Este año escolar lo vivimos bajo el lema “Escuelas católicas: inspirados por la fe y unidas en la misión”, una frase que resume lo que nos toca. No ha sido fácil sostener esa opción en los últimos años: hemos visto escuelas cerrar, matrículas apretadas y maestros que se van buscando mejores condiciones. Pero también hemos visto directores que reinventan sus escuelas y hacen los ajustes necesarios para seguir operando, Juntas Consultivas que se organizan para sostenerlas, y familias que eligen quedarse, aunque tengan alternativas más económicas. Eso es fe puesta en acción.

Empezamos este año escolar 2026-2027 con esa misma convicción: que cada escuela, católica o no, que abre sus puertas en agosto es una apuesta por el futuro del país. Y esa apuesta la ganamos juntos, no cada uno por su lado. El maestro o la maestra necesita al director o a la directora, y ambos necesitan a los padres, que a su vez necesitan que el país valore lo que cuesta sostener una escuela.

A los feligreses de nuestra Arquidiócesis y a todo el que lea estas líneas, les hago una invitación concreta: acérquense a la escuela católica más cercana y pregunten cómo pueden ayudar, con tiempo, con talento y con tesoro. San Pedro lo dice con precisión: “Que cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido, y así sea buen administrador de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4, 10). Esa mayordomía no es solo para quien tiene dinero de sobra. Alguien puede dar una tarde para acompañar una actividad como voluntario, otra persona puede compartir su oficio con los estudiantes, y otra puede sostener una beca o gastos de la escuela. Todo cuenta, y toda escuela católica de Puerto Rico necesita hoy esa clase de generosidad.

A todas las comunidades educativas de Puerto Rico, católicas y no católicas, les deseo un comienzo de año lleno de fuerza y de paciencia, porque ambas hacen falta. Que el esfuerzo de cada maestro o maestra, cada director o directora y cada familia encuentre este año el fruto que merece, y que sigamos apostando por la educación como el camino más seguro para el futuro de nuestros niños y jóvenes.

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