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RODRIGO GUERRA: «LA MISIÓN DE LA IGLESIA SE VIVE DESDE EL ENCUENTRO CON CRISTO Y CON LOS MÁS POBRES»

Como parte del CAM6, realizado el 21 de noviembre, Rodrigo Guerra López, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL), presentó la ponencia “El Reino como horizonte de la misión: camino para la transformación social en…

RODRIGO GUERRA: «LA MISIÓN DE LA IGLESIA SE VIVE DESDE EL ENCUENTRO CON CRISTO Y CON LOS MÁS POBRES»
Redacción EVPor Redacción EV7 de diciembre de 2024 · 6 min de lectura

Como parte del CAM6, realizado el 21 de noviembre, Rodrigo Guerra López, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL), presentó la ponencia “El Reino como horizonte de la misión: camino para la transformación social en un contexto de desigualdades”.

Guerra afirmó que América Latina es una de las regiones más desiguales del mundo y que nos encontramos frente a un escenario de desafíos políticos, económicos y culturales donde “la Iglesia no está fuera del mundo, sino que existimos como Iglesia al interior del difícil y complejo escenario que nos toca vivir”.

“La distancia entre los más ricos y los más pobres se ensancha, se amplía cada vez más, y esto que es muy doloroso”, lamentó, pero también recordó que esto es “un signo de que no estamos en una mera época de cambios, sino en un verdadero cambio de época, es decir, que todo el paradigma, todas las certezas acríticamente aceptadas que nos daban seguridad a nuestra vida personal y en nuestra vida comunitaria, se están reformulando”.

Necesidad de transformación

El secretario de la Pontificia Comisión para América Latina explicó que “los lenguajes, los símbolos, los afectos, las maneras de socializar, han entrado en un cambio profundo desde las más hondas raíces del ser humano y de la sociedad”, e invita a no mirar solo las tragedias, porque “el corazón de nuestra fe es la certeza existencial de que el mal no tiene la última palabra”.

Recordó que Jesús también sintió zozobra e inseguridad, sin embargo, la experiencia de las tentaciones en el desierto las logra superar por la confianza real que tiene en la voluntad de su Padre.

Guerra invitó a mirar que, en medio de una necesidad de profunda transformación política, económica y social, lo que la Iglesia anhela es “el encuentro con una persona que nos muestre una caridad y una misericordia, que nos haga advertir que nuestra vida sí le importa a alguien, y que ese alguien con “A” mayúscula es el Amor que nos sostiene y da razón de nuestra existencia… Cristo, y es el Reino que Él viene a predicar y que está más allá de cualquier utopía política, económica o cultural”.

La Trinidad en la historia

Guerra se refirió a la ponencia magistral de Mons. Raúl Biord Castillo, “La misión nace de la Tirindad”, como una premisa que mostró que la Trinidad no es una metáfora, sino que realmente el Kerigma es trinitario y, por lo tanto, tenemos que aprender a anunciar “desparpajadamente” a Dios Comunión.

Citando al teólogo Zizoulas: “La predicación y los hechos de Jesús, Hijo de Dios enviado por el Padre, instituyen la Iglesia. La efusión del Espíritu la constituye”. Guerra explicó que “es cierto que la Iglesia nace del costado de Cristo, es cierto que la Iglesia nace de la Eucaristía, es cierto que la Iglesia nace de Pentecostés, en realidad todos los hechos y palabras de Jesús fundan la Iglesia. Y la vida y la fuerza que anima y mantiene a la Iglesia proceden del Espíritu”.

Igualmente, tomando la cita de Lubac dijo: “Padre, Hijo y Espíritu están presentes en la Iglesia, que es como una misteriosa extensión de la Trinidad en el tiempo, que no solo nos prepara para la vida unitiva, sino que nos hace participar ya de ella”. En otras palabras, “el Reino no es una utopía lejana, inspiracional, remota, para el fin de la vida o para el fin de la historia, sino que ya está presente y esta presencia es la que estamos llamados todos a descubrir para poder seguir caminando”, enseñó Guerra.

La misión tiene el objetivo de instaurar el Reino

“La Iglesia es misionera por naturaleza”, reiteró Guerra, y añadió: “La misión no tiene otro objetivo más que anunciar e instaurar el Reino”. A su vez, recordó que la brújula para la actividad misionera se encuentra en la Constitución Dogmática Lumen Gentium, que indica: “La Iglesia recibe la misión de anunciar el Reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese Reino”.

Desde el Evangelio de san Mateo, Guerra explicó que el Reino conlleva una gran cantidad de valores. Sin embargo, destacó que el corazón del Kerigma no es una propuesta de valores, sino que la esencia del cristianismo “es Cristo”.

“Cristo tiene carne hoy en la Iglesia, el misterio de la Encarnación no se agotó hace 2000 años, sino que continúa presente en medio de nosotros, a través de la carne concreta de las personas que nos rodean”, afirmó con firmeza.

Reconocer a los más pobres como sacramento de Jesucristo

En 1968, durante su visita a Colombia para inaugurar la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, el Papa Pablo VI ofreció un discurso emblemático frente a una multitud de indígenas y campesinos. Este mensaje, descrito como extenso e inusual, se centró en

una idea poderosa: “La Iglesia no puede dejar el dolor, la aflicción, el sufrimiento y la contradicción del pueblo latinoamericano”.

Según Rodrigo Guerra, este discurso marcó un hito al afirmar que en las personas más sufrientes, humilladas y abandonadas se encuentra el “verdadero sacramento de Jesucristo”. Para el Papa Pablo VI, los más pobres no son solo destinatarios de la misión de la Iglesia, sino su presencia viva y sagrada, un signo tangible del abrazo de Dios al mundo.

Los sacramentos son vividos en comunión

Guerra explicó que este mensaje no es una mera idea, es una experiencia que transforma la manera en que la Iglesia vive y anuncia su fe. Señaló que los sacramentos son vividos en comunión con quienes más sufren “los más pobres en particular son verdadero sacramento de Jesucristo”, remarcó. En este sentido, la Eucaristía solo alcanza su plenitud cuando es compartida en comunión con la Iglesia, en fidelidad a los más pobres y en unidad con el Papa.

El secretario destacó que la unidad propuesta por Jesús trasciende los modelos organizacionales, y que no se trata de estructuras políticas ni de corporaciones rígidas, sino de una comunión viva que brota de la Trinidad.

Este tipo de unidad, agregó, “encuentra comunión gracias al amor; tenernos paciencia, perdonarnos frecuentemente, la disposición que tengamos para pedirle perdón de corazón a aquel que hayamos lastimado o para rencontrarnos con aquel que nos haya herido”.

La Sinodalidad como dinámica de comunión

Para Guerra, la Sinodalidad es más que un concepto: es el movimiento vivo que verifica la fe en acción y nos convoca a caminar juntos como hermanos, tanto dentro como fuera de la Iglesia: “Sinodalidad es la dimensión dinámica de la comunión, es el momento de verificación real y existencial de que creemos que existe una persona viva, que se hace encuentro y que nos convoca a vivir fraternalmente”.

“La Sinodalidad que vivimos ad-intra es la base para poder afirmar valerosamente la fraternidad ad-extra”, dijo, como una propuesta a todos los hombres de buena voluntad de fraternidad: “El mundo desgarrado, fracturado y herido que hoy tenemos delante de nuestros ojos, no necesita simplemente consignas políticas o económicas, no necesita nuevos Mesías sociales; lo que se necesita es la experiencia de Jesús vivo que reconcilie, que disminuya el extremismo, que disminuya el fanatismo, que nos invite a caminar juntos, reconociendo que en la diferencia hay enriquecimiento”.

El temor, señaló Guerra, es una de las principales causas de la polarización y la fractura social, tanto en las comunidades como en la Iglesia. Este miedo, alimentado muchas veces por desconfianzas y divisiones, solo puede ser superado confiando radicalmente en el Espíritu Santo como el verdadero protagonista de la vida eclesial y de la salvación del mundo.

Micaela Alejandra Díaz

AND CELAM

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