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El Visitante de Puerto Rico

Quédate con nosotros, Señor

Una jornada histórica para la Iglesia en Puerto Rico y, particularmente, para el Pueblo de Dios que peregrina en el sur del país. La Diócesis de Ponce recibió el sábado, 15 de agosto, a su noveno Obispo, Mons.

Quédate con nosotros, Señor
Luis Enrique RamosPor Luis Enrique Ramos29 de agosto de 2026 · 6 min de lectura

Una jornada histórica para la Iglesia en Puerto Rico y, particularmente, para el Pueblo de Dios que peregrina en el sur del país. La Diócesis de Ponce recibió el sábado, 15 de agosto, a su noveno Obispo, Mons. Geraldo Ramírez Torres, primer hijo de esta Iglesia particular, nacido y formado en ella, en asumir la misión de pastorearla.

La Ordenación Episcopal y Toma de Posesión Canónica tuvo lugar en el Complejo Deportivo y Cultural de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, recinto de Ponce, precisamente cuando la Iglesia celebraba la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.

La celebración fue presidida por Mons. Piergiorgio Bertoldi, Nuncio Apostólico en República Dominicana y Delegado Apostólico para Puerto Rico. Mons. Rubén Antonio González Medina, C.M.F., Obispo emérito de Ponce, y Mons. Ángel Luis Ríos Matos, Obispo de Mayagüez, acompañaron al Delegado Apostólico como co-consagrantes principales, junto a los demás obispos presentes.

Sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas, familiares, autoridades civiles y representantes de distintos sectores se unieron a numerosos fieles para acompañar un momento que marca una nueva página en la historia de una diócesis que recientemente celebró sus primeros cien años.

Un hijo de esta Iglesia llamado a pastorearla

Nacido el 17 de noviembre de 1967 en Villalba, Mons. Ramírez fue formado en el Seminario Diocesano de Ponce y realizó estudios de Teología en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Fue ordenado sacerdote para la Diócesis de Ponce el 19 de noviembre de 1991.

Su ministerio sacerdotal se desarrolló en diferentes ámbitos de la vida diocesana, incluyendo parroquias, colegios, movimientos apostólicos y, de manera particular, la pastoral penitenciaria. Desde 2021 se desempeñaba como Vicario General y, desde 2024, como rector y párroco de la Catedral Nuestra Señora de Guadalupe y de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced.

Precisamente esa trayectoria fue destacada por Mons. Eusebio Ramos Morales, Arzobispo electo de San Juan y Presidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, quien afirmó que Ponce recibía como nuevo pastor a «un hombre verdaderamente probado en el servicio al pueblo de Dios».

Mons. Eusebio recordó que con la ordenación episcopal Mons. Geraldo recibe la plenitud del sacramento del Orden y queda incorporado al Colegio Episcopal y a la Conferencia Episcopal Puertorriqueña. Pero su bienvenida fue también una invitación a mirar los desafíos que esperan a los pastores en un Puerto Rico marcado por la soledad, el agobio, la incertidumbre y distintas fracturas sociales.


El Presidente de la CEP expresó su confianza en que Mons. Geraldo será «un Obispo de comunión sinodal y misionera», capaz de ayudar a sanar heridas, reconstruir relaciones, propiciar la escucha y alimentar el diálogo fraterno y solidario.

«Quédate con nosotros»

El lema escogido por el nuevo Obispo, Mane Nobiscum Domine —«Quédate con nosotros, Señor»— estuvo presente como hilo conductor de una celebración que miró hacia el futuro de la Iglesia ponceña.

En su homilía, Mons. Bertoldi profundizó en el significado de esas palabras pronunciadas por los discípulos de Emaús. Para el Delegado Apostólico, ser obispo supone hacer propia esa súplica y, al mismo tiempo, convertirse en respuesta para el pueblo confiado a su cuidado.

La misión de Mons. Geraldo, señaló, será «habitar la vida de la gente», haciendo hogar junto a Cristo y sus hermanos, para que las personas puedan encontrar en su pastor acogida y refugio.

El Delegado Apostólico resumió posteriormente la misión que comienza en tres encomiendas: ser maestro de oración, anunciador de la Palabra y constructor de comunión. Le recordó igualmente que deberá reconocerse, antes que maestro, como compañero de camino y oyente de la Palabra junto al rebaño que ahora se le confía.

Los signos de una nueva misión

Uno de los momentos centrales de la celebración llegó con el rito propiamente episcopal. Tras la invocación del Espíritu Santo y las letanías de los santos, Mons. Geraldo recibió la imposición de manos y la Plegaria de Ordenación.

Sobre su cabeza fue colocado el libro de los Evangelios, signo de que su vida y ministerio quedan bajo la Palabra que está llamado a proclamar. Posteriormente fue ungido con el santo crisma y recibió los signos propios del episcopado: el libro de los Evangelios, el anillo, la mitra y el báculo pastoral.

Los gestos hicieron visible ante el Pueblo de Dios una realidad que Mons. Bertoldi había expresado en su homilía: «el obispo ya no se pertenece a sí mismo» y la medida de su vida será, desde ahora, la entrega de sí con un corazón lleno de misericordia.

Un corazón dócil para servir

Ya como Obispo de Ponce, Mons. Geraldo dirigió sus primeras palabras al pueblo desde una actitud de gratitud y escucha. Más que comenzar su ministerio destacando proyectos o capacidades personales, expresó su deseo de ponerse junto al pueblo a la escucha del Señor para discernir el camino que deberán recorrer juntos.

Agradeció a Dios por el don de su vocación, recordó con profundo afecto a sus padres y familiares fallecidos y reconoció el apoyo de sus hermanos y de tantas personas que han acompañado su camino sacerdotal. Su gratitud alcanzó también a quienes hicieron posible la celebración y a los distintos componentes del Pueblo de Dios que lo acompañaron.

Mirando hacia la responsabilidad recibida, recurrió a la petición bíblica de un «corazón dócil» capaz de discernir entre el bien y el mal. Esa fue también su súplica personal: recibir del Señor un corazón capaz de buscar primero la voluntad de Dios antes que sus propios criterios.

Para el nuevo Obispo, el episcopado no puede entenderse simplemente como ejercicio de autoridad. Su sentido se encuentra en transparentar la presencia de Jesucristo, único y verdadero Pastor de la Iglesia. De ahí que las decisiones del pastor solo puedan ser fecundas cuando nacen de la escucha del Espíritu Santo y están marcadas por la caridad pastoral.

La prudencia, explicó, deberá caminar siempre de la mano de la humildad: saber cuándo exhortar con firmeza, cuándo corregir con paciencia, cuándo consolar y también cuándo esperar.

«Claro que se puede»

Mons. Geraldo expresó además su deseo de que la Diócesis sea una comunidad llena de esperanza y rechazó una actitud marcada por el pesimismo, el derrotismo y el «no se puede».

«Claro que se puede», afirmó, porque Dios continúa haciendo nuevas todas las cosas y renovando la vida de las personas, las familias y las comunidades.

En una frase que sintetizó el pastor que desea ser para esta Iglesia, expresó: «Quiero ser para ustedes un obispo cercano, alegre, firme y, sobre todo, humano».

Así comienza una nueva etapa para la centenaria Diócesis de Ponce. El sacerdote formado entre su gente se convierte ahora en su pastor; quien durante décadas recorrió sus comunidades, parroquias y espacios de servicio recibe el báculo para continuar caminando con ellas.

Y la petición escogida como lema de su episcopado se transforma también en oración de toda una Iglesia que inicia un nuevo capítulo de su historia:

«Quédate con nosotros, Señor».

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