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El Visitante de Puerto Rico

Pentecostés

El Evangelio de san Juan nos presenta a los discípulos encerrados por miedo. Las puertas están cerradas, el corazón también. Han visto morir a Jesús, se sienten frágiles, confundidos, inseguros. Pero Jesús entra. No golpea la puerta.

Pentecostés
Rubén GonzálezPor Rubén González24 de mayo de 2026 · 2 min de lectura

El Evangelio de san Juan nos presenta a los discípulos encerrados por miedo. Las puertas están cerradas, el corazón también. Han visto morir a Jesús, se sienten frágiles, confundidos, inseguros. Pero Jesús entra. No golpea la puerta. No espera a que el miedo desaparezca. Simplemente se hace presente en medio de ellos. Y lo primero que dice es: “La paz con ustedes.” Pentecostés comienza así: cuando Cristo entra en nuestras habitaciones cerradas. Luego ocurre algo sorprendente: Jesús sopla sobre ellos y dice: “Reciban el Espíritu Santo”. Ese gesto recuerda el comienzo de la creación. En el Génesis, Dios sopló sobre el barro y el hombre se convirtió en un ser viviente. Ahora Jesús vuelve a soplar: es la nueva creación. El Espíritu Santo transforma a discípulos temerosos en testigos valientes.

Pentecostés significa tres cosas para nosotros:

1. El Espíritu Santo vence el miedo Los discípulos pasan del encierro a la misión.
El Espíritu no elimina las dificultades, pero enciende el corazón y da valentía para anunciar a Cristo.

2. El Espíritu Santo crea comunidad Jesús se pone en medio. El Espíritu siempre reúne, reconcilia, une. Donde está el Espíritu, nace la Iglesia.

3. El Espíritu Santo envía a la misión Jesús dice: “Como el Padre me envió, así también los envío yo”. Pentecostés no es solo una experiencia espiritual; es un envío misionero.

Hermanos, también hoy muchos viven con las puertas cerradas: cerradas por el miedo, por el cansancio, por la desesperanza. También Puerto Rico, necesita discípulos con el corazón encendido por el Espíritu.

Por eso hoy podemos hacer una oración sencilla: Señor Jesús, entra en nuestras puertas cerradas.
Sopla sobre nuestra Iglesia. Enciende nuestro corazón y fortalécenos en la misión. Y entonces ocurrirá el verdadero Pentecostés: cuando dejemos que el Espíritu Santo transforme nuestro miedo en misión, nuestro encierro en salida, y nuestro corazón en fuego de esperanza. Amén.

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