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El Visitante de Puerto Rico

Letras del alma…

Guarda, conserva tiernamente los libros viejos, aunque hayan sido devaluados en el mercado de la técnica. Tal vez algunos coleccionistas los aprecien, no por ser libros, sino por ser objetos antiguos que ganan valor con el transcurrir del…

Aníbal Colón de la VegaPor Aníbal Colón de la Vega4 de agosto de 2021 · 1 min de lectura

Guarda, conserva tiernamente los libros viejos, aunque hayan sido devaluados en el mercado de la técnica. Tal vez algunos coleccionistas los aprecien, no por ser libros, sino por ser objetos antiguos que ganan valor con el transcurrir del tiempo. La pátina, ese tono sentado y suave que dan los años a las pinturas al óleo y a las páginas añejas, transforma el efecto del envejecimiento en lustre cultural y riqueza acumulada. La carátula, marcada con miniaturas doradas, sirve de anuncio a los sentimientos y pensamientos de un ser que aún permanece entre nosotros. La portada ya gastada, todavía custodia los versos impresos y los misterios que allí se esconden. Aunque no posean el sello histórico de los incunables, los bibliófilos atesoran estas reliquias encuadernadas, como fortalezas del preciado saber.

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He leído bromas sobre los complejos pasillos de Ikea. A algunos consumidores les parecen más enredados que el laberinto del Minotauro, superado gracias al ovillo de Ariadna. Alegan que dan vueltas y más vueltas, terminando siempre en el mismo punto de partida, sin encontrar la salida. Desesperados tras seguir las flechas dibujadas sobre el suelo, se detienen en el departamento de muebles y se sientan a llorar. Para remediar metáfora kafkiana, la compañía debería instalar botones de emergencia o rastreadores de transeúntes perdidos.

Aníbal Colón Rosado

Para El Visitante

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