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El Visitante de Puerto Rico

Letras del Alma…

Qué experiencia digna y sublime el enaltecer la palabra que escuchamos. Y apagar los ruidos, acallar las estridencias del entorno.

Aníbal Colón de la VegaPor Aníbal Colón de la Vega26 de abril de 2021 · 2 min de lectura

Qué experiencia digna y sublime el enaltecer la palabra que escuchamos. Y apagar los ruidos, acallar las estridencias del entorno. Entonces anidarán en el nido de los oídos, el verbo desnudo, el dulce gorjeo de los pájaros, las notas musicales, el susurro del viento, la sinfonía de la naturaleza… Habrá espacio también para recoger el lamento de los pobres y la voz de la justicia.

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Cuando con tontos peleas,

vas a parar a su secta.

Cuando con bobos discutes,

ya no tienes más disfrute.

Y si entre bolos te encuentras,

¡cuánto vale la paciencia!

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Los pajaritos están trinando bajo la lluvia de medianoche. La alegre serenata asciende desde los arbustos del patio y me despierta. Gracias por interrumpir mi sueño y por la sorpresa del feliz insomnio. Envuelto en las penumbras húmedas, he sido invitado al país de los ensueños. Piando y gorjeando, quizás las avecillas se han amanecido entonando cantos talámicos. Acepto el regalo que reparó la tristeza de una jornada un tanto recia.

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Tenía la extraña habilidad de inventar, construirse enemigos y demonizar al prójimo, a quienes pretendía aniquilar fácilmente, como si fueran monigotes de papel.

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Quien ayer fue causa de tus sueños ingrávidos, mañana será el autor de tus pesadas pesadillas.

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Desperdiciaba el tiempo, repartiendo margaritas y perlas por los corrales, a cambio de una cuota de adulación y aplausos.

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El reloj de rosas

Preparé un tiesto transparente con agua y guijarros. Luego lo coroné de rosas con sus respectivos tallos. El arreglo floral se veía sencillo y fresco, atractivo a la vista. Al día siguiente comenzaron a caer los primeros pétalos. Estos se iban acumulando con el paso de las horas, y yo los contaba. Al cabo de una semana, ya se había formado una capa rosada sobre la mesa. La caída de los pétalos marcaba las horas, a su manera, en un ritmo asimétrico. Adorné el frasco con otro ramillete, y lo llamé el reloj de las rosas.

Aníbal Colón Rosado

Para El Visitante

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