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El Visitante de Puerto Rico

La salud mental también necesita misericordia:

Vencer el estigma y acompañar a quien sufre En Puerto Rico, quien vive con depresión, ansiedad, trastorno bipolar, esquizofrenia o una condición relacionada con trauma conserva íntegra su dignidad y su lugar en la comunidad.

La salud mental también necesita misericordia:
Redacción EVPor Redacción EV18 de octubre de 2026 · 4 min de lectura

Vencer el estigma y acompañar a quien sufre

En Puerto Rico, quien vive con depresión, ansiedad, trastorno bipolar, esquizofrenia o una condición relacionada con trauma conserva íntegra su dignidad y su lugar en la comunidad. Sin embargo, todavía escucha frases que hieren: «eso es falta de voluntad», «está loco», «que ore más» o «lo hace para llamar la atención». Se le puede reducir a un diagnóstico, poner en duda su dolor o excluir del trabajo, la familia y hasta la vida eclesial. Ese prejuicio es estigma; cuando produce rechazo, aislamiento o atención desigual, se convierte en discriminación.

El estigma puede ser una barrera para pedir ayuda y recibir cuidado. En Puerto Rico, un estudio cualitativo entrevistó a once profesionales de la salud y recogió relatos de temor, distancia social y atención inadecuada hacia personas con condiciones mentales severas. No representa la opinión de toda la población, pero advierte que los prejuicios pueden aparecer incluso en espacios llamados a cuidar. En esa investigación también se describió cómo algunas quejas físicas podían ser desestimadas como «embuste». Tomar en serio a quien consulta es parte de una atención digna.

La salud mental no tiene una sola causa: influyen factores biológicos, psicológicos, familiares y sociales, culturales. La violencia, la preocupación por la seguridad, el alto costo de la vida, la precariedad laboral, las pérdidas y la incertidumbre pueden acumular tensión. Los cortes de luz y agua afectan el descanso, los servicios y a quienes dependen de equipos médicos o medicamentos refrigerados. En abril de 2025, tras un apagón, ASSMCA informó que la Línea PAS recibió 522 llamadas un día y 58 al siguiente. Entre las preocupaciones figuraban ansiedad, temor por equipos médicos y medicamentos, inseguridad y recuerdos del huracán María. El episodio muestra necesidades emocionales ante una emergencia; no prueba una tendencia permanente ni permite atribuir un trastorno a una causa única.

El informe de salud materno infantil de Puerto Rico elaborado en 2024 recoge que la depresión posparto aumentó de 10.8 % en 2019 a 17.7 % en 2023. Ese año, solo el 46.4 % de las madres recientes informó haber recibido cernimiento para depresión posparto. Aunque no describe a toda la población, el dato señala la importancia de preguntar, detectar necesidades y facilitar acceso a servicios.

La Organización Mundial de la Salud propone combatir el estigma con liderazgo de personas con experiencia vivida, contacto social y alianzas inclusivas. Para la Iglesia, esta invitación encuentra luz en Jesús. Los Evangelios narran sufrimientos interpretados con categorías de su tiempo, entre ellas la posesión diabólica (Mc 5,1-20; 9,14-29; Lc 8,26-39). No debemos hacer diagnósticos retrospectivos ni concluir que la enfermedad mental sea una posesión. Miremos, en cambio, cómo Jesús se acerca a quien sufre: lo mira, rompe su aislamiento y le devuelve un lugar entre los demás.

En Fratelli Tutti, el papa Francisco presenta al buen samaritano como modelo de compasión cercana y concreta. El samaritano se detiene, atiende las heridas y procura que otros cuiden al hombre herido (nn. 63-79). Acompañar, entonces, no es juzgar ni ofrecer explicaciones fáciles, sino hacerse prójimo. El papa Francisco habla de un «amor que sabe de compasión y de dignidad» (n. 62) y llama a construir una cultura del encuentro (n. 215). Esa actitud puede hacer de nuestras parroquias espacios donde nadie sea descartado.

La oración, los sacramentos y la dirección espiritual sostienen a quien sufre, pero no sustituyen la evaluación clínica ni el tratamiento indicado. Buscar ayuda psicológica o psiquiátrica no es falta de fe: es cuidado responsable. Nuestras comunidades pueden escuchar sin juzgar, proteger la confidencialidad, evitar promesas de curación, orientar hacia profesionales y acompañar a familiares y cuidadores. A veces, el gesto más evangélico es sentarse al lado, ayudar a conseguir una cita o dar unas horas de respiro a quien cuida.

Vencer el estigma requiere compromisos cotidianos: nombrar a la persona antes que a su diagnóstico, no usar «loco» como insulto, tomar en serio su palabra y contar con su voz en las decisiones pastorales. Ante una crisis o riesgo inmediato, hay que buscar ayuda profesional. En Puerto Rico, la Línea PAS de ASSMCA y el 988 ofrecen apoyo las 24 horas; se puede llamar al 1-800-981-0023 o al 988. La Iglesia no sustituye a psicólogos ni psiquiatras, pero tiene una misión irrenunciable: abrir puertas, sostener a quien sufre y recordarle que la misericordia de Dios no margina y que nadie tiene que cargar su cruz a solas.

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