La oración
Uno de los discípulos de Jesús al ver que había finalizado su oración le pide que les ensene a orar. La respuesta de Jesús consiste no en darle una oración para repetir sino un modelo para que se guiaran en sus propias oraciones.

Uno de los discípulos de Jesús al ver que había finalizado su oración le pide que les ensene a orar. La respuesta de Jesús consiste no en darle una oración para repetir sino un modelo para que se guiaran en sus propias oraciones. No siempre hemos entendido esto y en muchos casos tomamos el Padrenuestro como una oración acabada y no como un modelo que nos debe orientar en la construcción de nuestra propia oración. El hecho de que la versión en Mateo (6:9-15) no sea igual a la de Lucas revela que en un primer momento no fue considerada una oración cerrada que debía repetirse siempre igual. Sirvió como lo quiso el Señor- para provocar y guiar las oraciones personales y comunitarias de la iglesia naciente. La oración debe ser incansable, en espera de recibir de Dios su gran don: el Espíritu. Dos parábolas expresan los temas de la insistencia en la oración y de su eficacia. Si un amigo, nos dice la primera, da lo que se le pide ante la insistencia del otro, con más motivo Dios actuará así con los que se dirigen a él. Igualmente, insiste la segunda parábola, la oración siempre alcanza su objetivo, el que pide recibe. Lo que se recibe no es automáticamente lo que se pide sino el don del Espíritu, que nos permitirá afrontar las situaciones de la vida con la fuerza de lo alto. Para Lucas no hay una comprensión mágica de la oración de petición. Él les dará el Espíritu Santo: El objetivo de la oración cristiana es llegar a recibir el Espíritu que es capaz de renovar la faz de la tierra, incluidos nosotros. El Espíritu Santo es la fuerza que viene de lo alto con poder avasallador y aleja los vicios y nos trae muchos buenos pensamientos y deseos. El Espíritu Santo quiere ser nuestro Huésped, y es enviado por el Padre si se lo pedimos con fe y perseverancia. El Espíritu Santo es el que nos hace comprender las Sagrada Escrituras. El Espíritu Santo, cuando viene, hace posible: orar mejor, arrepentirnos de nuestros pecados, ser fiel a las exigencias del evangelio y construir su Reino.
