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El Visitante de Puerto Rico

La fuerza de nuestra fe

La primera lectura es tomada de los Hechos de los Apóstoles y será así toda la Pascua, porque la predicación y acción de los Apóstoles giraron en torno a la Resurrección del Señor.

La fuerza de nuestra fe
Padre Rafael “Felo” MéndezPor Padre Rafael “Felo” Méndez20 de abril de 2025 · 3 min de lectura

La primera lectura es tomada de los Hechos de los Apóstoles y será así toda la Pascua, porque la predicación y acción de los Apóstoles giraron en torno a la Resurrección del Señor.

San Pablo, tanto en la Carta a los Colosenses como en la primera a los Corintios, nos indica que nosotros los cristianos seguimos a un Cristo Resucitado. En virtud de esta Resurrección, nuestras miras han de estar puestas hacia el cielo, hacia donde Cristo está.

San Juan nos presentan los eventos que rodearon el domingo de la Resurrección del Señor, desde su punto de vista y la de los Apóstoles.

Hay algo que trabaja en la mente de los que predicamos el Domingo de la Resurrección. Mientras que la Cuaresma fue intensa, en un crescendo constante, siguiendo a Cristo hacia su muerte en Jerusalén, cuando llega el momento de su Resurrección nos quedamos en el aire, puesto que Jesucristo resucitó de manera secreta: ¡NADIE LO VIO RESUCITAR! Hay unas cuantas versiones acerca del Domingo de Pascua por la mañana y ninguna coincide el 100%. Privilegiamos la versión de San Juan, puesto que San Juan es el discípulo amado de Jesús, el más allegado, cuenta en tercera persona lo que le pasó a él, a la Magdalena y a San Pedro lo que pasó esa mañana, para que todos nosotros los cristianos hagamos nuestro acto de fe.

Lo primero que notamos es el secretismo de Jesucristo: Él hace que todos los que lo aman lo busquen desde la fe porque no se deja ver. Lo único que deja para que sus allegados se agarren de algo es el sudario y las vendas tiradas en el sepulcro, como si uno se hubiera levantado de la cama y la hubiera dejado alborotada sin recogerla. Si el cuerpo de Jesucristo hubiera sido robado, hubiera sido robado con todo y sábanas. Los ladrones no se hubieran puesto hacer el trabajo de desatarlo de las sábanas para luego robar el cuerpo, sino que lo hubieran robado con prisa. Lo segundo que notamos es la fe de Pedro y Juan en la resurrección de Jesucristo, sin haberlo visto resucitado. Es la misma que tenemos nosotros puesto que creemos en su resurrección sin haberlo visto resucitado. Curiosamente, María Magdalena no lo creyó. Fue más tarde, cuando estaba sola en el sepulcro, que se topa con el “jardinero” que resulta que es Jesús. Sólo así creyó en su Resurrección.

El reto más grande de nosotros los cristianos es creer en la Resurrección de Jesucristo. Es por eso por lo que nuestra fe no es un mero sentimiento sino una decisión. Decidimos creer que Cristo ha resucitado y es por eso por lo que lo seguimos en las claridades y en las oscuridades de nuestra vida. Ese momento secreto es tan poderoso, que toda la acción de los Apóstoles giró en ese evento. A partir de la Resurrección de Cristo, sus vidas cambiaron, ya nada sería igual. Se repartieron el mundo entero para anunciar a los cuatro vientos, que Jesús resucitó. Es verdad que ese mismo día, por la tarde, el Resucitado se les apareció, y es por eso que su testimonio tuvo la fuerza que tuvo. Esto hace que nuestra fe sea tan poderosa porque, sin aún haberlo visto, creemos en ella.

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