La Diócesis de Ponce agradece el fecundo ministerio episcopal de Padre Obispo Rubén Antonio González Medina, CMF
Ponce, Puerto Rico – Con profundo espíritu de fe y gratitud, la Iglesia que peregrina en el sur de Puerto Rico se une en acción de gracias al conocer que Su Santidad el Papa León XIV ha aceptado, el 24 de junio de 2026, la renuncia al…

Ponce, Puerto Rico – Con profundo espíritu de fe y gratitud, la Iglesia que peregrina en el sur de Puerto Rico se une en acción de gracias al conocer que Su Santidad el Papa León XIV ha aceptado, el 24 de junio de 2026, la renuncia al gobierno pastoral de la Diócesis de Ponce presentada por el Padre Obispo Rubén Antonio González Medina, CMF, conforme a las disposiciones del derecho de la Iglesia.
Este anuncio constituye un momento de especial significado para la vida diocesana. Al tiempo que se recibe con filial obediencia la decisión del Santo Padre, el Pueblo de Dios eleva una oración de agradecimiento por el ministerio episcopal de quien, durante una década, ha servido como pastor, maestro de la fe y signo de comunión para esta Iglesia particular.
La aceptación de una renuncia episcopal no representa simplemente la conclusión de una responsabilidad administrativa; es también una ocasión privilegiada para contemplar con gratitud el camino recorrido y reconocer los abundantes frutos que Dios ha suscitado a través del ministerio de un obispo.
Desde su nombramiento por el Papa Francisco en diciembre de 2015 y el inicio de su ministerio episcopal el 31 de enero de 2016, Padre Obispo Rubén Antonio González Medina cmf condujo a la Diócesis de Ponce en una época particularmente desafiante para Puerto Rico. Durante estos años impulsó la renovación pastoral de la diócesis, fortaleció la participación de los fieles laicos, promovió las vocaciones sacerdotales y diaconales consolidó iniciativas evangelizadoras y acompañó de manera cercana a las comunidades en los momentos más difíciles de la historia reciente.
El liderazgo pastoral en clave misionera, inspirado en San Antonio María Claret, nace de un corazón encendido por el amor de Dios y apasionado por la salvación de las almas. El Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y abraza por donde pasa y enciende a todos en el fuego del divino amor.
Sus iniciativas pastorales se hicieron visible durante la secuencia sísmica que afectó al sur de Puerto Rico en el año 2020 y posteriormente durante la pandemia del COVID-19. En medio de la incertidumbre, ofreció una palabra de esperanza, cercanía y fortaleza espiritual a miles de familias. La impronta de su episcopado puede encontrarse también en las expresiones que marcaron su magisterio y que hoy permanecen en la memoria agradecida de la diócesis. Al asumir la misión encomendada por la Iglesia, manifestó con humildad: «Con los ojos fijos en Jesús y consciente de mis limitaciones, debilidades y pecados, he aceptado la nueva misión que me encomienda el Señor».
Aquellas palabras reflejaron el estilo pastoral que caracterizó todo su servicio: una profunda confianza en Dios, un sincero sentido de humildad y una permanente disponibilidad para servir. Su visión de Iglesia quedó igualmente expresada en una de las frases que más resonó a lo largo de su ministerio episcopal: «Estamos llamados a incluir y no a excluir, a sumar y no a restar, a multiplicar y no a dividir». Y con su característica frase: “¡Qué bueno que viniste, que bueno que estás aquí!”, el pueblo de Dios siempre lo recibió con profunda alegría y gozo en cada celebración litúrgica.
Esta convicción inspiró numerosos esfuerzos pastorales dirigidos a fortalecer la comunión eclesial y a promover una Iglesia abierta, acogedora y cercana a todos. Con frecuencia recordaba también que: «La salvación es gratis y es para todos». Una afirmación profundamente evangélica que reflejó su deseo de que la Iglesia fuera siempre un espacio de encuentro, misericordia y esperanza para cada persona.
Entre los momentos más significativos de su episcopado destacan igualmente la implementación del proceso sinodal promovido por la Iglesia universal, la defensa constante de la dignidad humana, el acompañamiento a las familias, la promoción de la vida sacramental, el fortalecimiento de los medios de comunicación católicos y la celebración de importantes acontecimientos eclesiales que enriquecieron la identidad de la Iglesia del sur de Puerto Rico.
Presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y fieles laicos reconocen en el Padre Obispo Rubén Antonio González Medina a un pastor cercano, accesible y profundamente comprometido con la misión evangelizadora de la Iglesia. Su presencia serena, su amor por la Eucaristía y su sensibilidad ante el sufrimiento humano han dejado una huella imborrable en el corazón de esta diócesis. Si una expresión pudiera resumir el espíritu con el que ejerció su ministerio episcopal, sería aquella que pronunció en diversas ocasiones al referirse a la vida cristiana: «Vivir en cristiano es vivir agradecido y agradeciendo».
Por ello, al hacerse público que el Santo Padre León XIV ha aceptado su renuncia al gobierno pastoral de la Diócesis de Ponce, el Pueblo de Dios desea responder con la misma actitud evangélica que él promovió durante años: la gratitud. La Diócesis de Ponce encomienda a Padre Obispo Rubén Antonio González Medina, CMF, a la intercesión de Nuestra Señora de la Guadalupe, Patrona de nuestra Diócesis, y pide al Señor que continúe bendiciendo abundantemente su vida y ministerio.
Con sentimientos de profundo afecto filial, sincero reconocimiento y gratitud permanente, esta Iglesia particular da gracias a Dios por el legado espiritual, pastoral y humano de quien la ha acompañado como pastor en una etapa decisiva de su historia. “Damos gracias al Señor por el don de su ministerio episcopal entre nosotros y le pedimos que continúe colmándolo de paz, salud y abundantes bendiciones en esta nueva etapa de servicio a la Iglesia.”, expresó, Mons. Geraldo Ramírez Torres, Obispo electo de la Diócesis de Ponce.
