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El Visitante de Puerto Rico

La dignidad del ser humano

“Dios, sabio creador y justo ordenador de todas las naturalezas, concedió al hombre la máxima dignidad entre los seres de la tierra” (San Agustín, De civitate Dei, XIX, c. XII,2).

Aníbal Colón de la VegaPor Aníbal Colón de la Vega14 de octubre de 2020 · 2 min de lectura

“Dios, sabio creador y justo ordenador de todas las naturalezas, concedió al hombre la máxima dignidad entre los seres de la tierra” (San Agustín, De civitate Dei, XIX, c. XII,2).

Hombres y mujeres, desde su concepción hasta la eternidad, gozan de esta excelencia intrínseca, por el solo hecho de existir, y cuyo fundamento absoluto e incondicionado es Dios. La persona humana es fin en sí y digna por sí; no debe ser instrumentalizada por nadie. El valor sublime e irrenunciable de su dignidad no depende de la raza, la conducta, la edad, la inteligencia, las creencias, el sexo, el consenso, el gobierno, las posesiones o afiliaciones…

El ser humano está dotado de sustantividad, libertad, lenguaje, racionalidad, moralidad; sabe que piensa, puede entregarse al prójimo, entra en comunión con los demás; sonríe, llora y, sobre todo, es capaz de amar.

Por obra de la encarnación de Cristo, el hombre y la mujer se elevan a una dimensión nueva que los aproxima más a Dios. El cristianismo afirma el valor supremo de la persona, la igualdad por naturaleza de toda la humanidad y la fraternidad universal: negar al hombre es negar a Dios. La preeminencia y los derechos del ser humano son sagrados.

Ninguna institución debe usurpar o sacrificar esta dignidad, sino defenderla y servirla, particularmente donde se vea más amenazada. La persona humana es la única criatura que Dios ha amado por sí misma. Como sentenció Abü Madyan: “Quien desprecia los derechos de sus hermanos, desprecia a su Señor”.

Aníbal Colón Rosado

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