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El Visitante de Puerto Rico

Jesús el Buen Pastor

Hoy quisiera decirles algo muy sencillo, pero muy profundo, sobre Jesús, el Buen Pastor. En el Evangelio de san Juan, Jesús nos habla con una imagen que todos podían entender: la del pastor y las ovejas.

Jesús el Buen Pastor
Rubén GonzálezPor Rubén González26 de abril de 2026 · 2 min de lectura

Hoy quisiera decirles algo muy sencillo, pero muy profundo, sobre Jesús, el Buen Pastor. En el Evangelio de san Juan, Jesús nos habla con una imagen que todos podían entender: la del pastor y las ovejas. En tiempos de Jesús, el pastor no era solo un trabajador; era quien conocía, cuidaba, defendía y guiaba al rebaño. Y Jesús dice algo sorprendente: “Yo soy el Buen Pastor… Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.” (Jn 10,10

El Buen Pastor no mira a las ovejas como un número. Las conoce una por una. Así es Jesús con nosotros. Nos conoce por nuestro nombre, conoce nuestra historia, nuestras heridas, nuestras luchas. Conoce: al que está cansado, al que tiene miedo, al que ha perdido esperanza, al que busca sentido. Jesús no ama a la humanidad en abstracto. Ama a cada persona.

El Evangelio dice: “Las ovejas escuchan su voz… y lo siguen” (Jn 10,3-4). La fe no comienza con una idea. Comienza cuando reconocemos la voz de Cristo. Su voz se escucha: en el Evangelio, en la conciencia, en el clamor de los pobres, en los momentos de silencio y oración. En medio de tantas voces del mundo, el discípulo aprende a reconocer la voz que da vida.

Jesús contrasta al Buen Pastor con los ladrones y bandidos. Los ladrones roban: la paz, la dignidad, la esperanza. En nuestro mundo también hay voces que prometen mucho, pero vacían el corazón. Ahora bien, Jesús dice algo decisivo: “Yo soy la puerta.” Es decir:
quien entra por Cristo encuentra vida verdadera. Esta es la gran promesa del Evangelio: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.” No habla solo de existir.
Habla de vivir plenamente. Vida abundante significa: vivir reconciliados, vivir con sentido, vivir con esperanza, vivir para amar.

En nuestra Iglesia —y también en nuestra querida tierra de Puerto Rico necesitamos volver siempre al Buen Pastor. Porque cuando miramos a Cristo: el corazón se enciende, la fe se renueva, la misión se fortalece. El Buen Pastor sigue caminando con su pueblo. Sigue llamando. Sigue guiando.

Por eso hoy, quisiera decirte algo muy personal: Si alguna vez te sientes perdido si sientes que la vida se vuelve pesada, si sientes que nadie te comprende…recuerda esto: Jesús, el Buen Pastor,
te conoce, te busca y te llama por tu nombre.

Y donde Él guía, siempre hay vida en abundancia.

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