ÉL SANA LOS CORAZONES QUEBRANTADOS Y VENDA SUS HERIDAS
Las experiencias de abandono, rechazo, violencia, castigo y culpabilidad por parte de los padres y principales cuidadores durante la infancia pueden tener un impacto significativo en la salud mental y emocional de una persona cuando se…

Las experiencias de abandono, rechazo, violencia, castigo y culpabilidad por parte de los padres y principales cuidadores durante la infancia pueden tener un impacto significativo en la salud mental y emocional de una persona cuando se convierte en adulto. Estas situaciones traumáticas originan una variedad de problemas en el estilo de vida estas personas, tales como: desestimación propia y autoimagen negativa; dificultades para regular las emociones; patrones de comportamiento autodestructivos y otras conductas maladaptivas (perfeccionismo, procastinación, reacciones pasivas o agresivas, bajo rendimiento académico o laboral, autocrítica excesiva, trastornos alimenticios y del sueño).
No todas las personas que han experimentado abandono, rechazo o violencia por parte de sus padres desarrollarán problemas significativos en la edad adulta. El impacto de estas experiencias puede variar según factores como el apoyo social, la resiliencia de la persona, la terapia y el trabajo de autoconocimiento, sanación emocional que realice a lo largo de su vida y tener una práctica espiritual. Buscar terapia con un psicólogo o psicoterapeuta especializado en trauma infantil puede ser fundamental para abordar y procesar las experiencias pasadas. Cada una de las terapias pueden ser adaptadas a las necesidades individuales, y a menudo se utilizan en combinación para ofrecer un enfoque integral en el tratamiento de traumas de la niñez.
Algunas de las terapias psicológicas que pueden ser útiles en este proceso son: terapia de juego; terapia cognitivo conductual (TCC); terapia de arte; terapia Gestalt; terapia de esquemas; terapia basada en la atención plena (mindfulness); terapia narrativa; terapia de grupo; terapia somática; terapia familiar:
Otros acercamientos terapéuticos son la psicoeducación, el autocuidado, establecer límites saludables, participar en grupos de apoyo, entre otros. Es muy importante, conocer la cultura religiosa del que busca ayuda psicológica. Por consiguiente, la espiritualidad del cliente será de gran ayuda para su sanación. Incorporar la espiritualidad en la terapia puede enriquecer el proceso terapéutico y ofrecer un camino adicional hacia la sanación y el bienestar por varias razones:
Sentido de propósito: ayudar a los pacientes a encontrar un sentido de propósito y significado en sus experiencias, lo que puede ser crucial para su proceso de sanación.
Conexión y apoyo: La práctica espiritual a menudo fomenta un sentido de comunidad y apoyo social, lo que puede ser beneficioso para aquellos que se sienten aislados tras un trauma.
Manejo del estrés: La espiritualidad puede ofrecer herramientas para manejar el estrés y la ansiedad, como la meditación, la oración o la reflexión, que son útiles para regular las emociones.
Resiliencia: Las creencias espirituales pueden fortalecer la resiliencia, proporcionando esperanza y una perspectiva más amplia sobre la vida y las dificultades.
Integración del trauma: La espiritualidad puede facilitar la integración de la experiencia traumática en la narrativa personal del individuo, ayudando a procesar y dar sentido a lo ocurrido.
Enfoque holístico: Abordar la salud mental desde una perspectiva espiritual permite una visión más holística del bienestar del paciente, considerando no solo los aspectos psicológicos, sino también los emocionales y espirituales.
Como creyentes católicos estamos invitados desde la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo a vivir la gracia de Dios Padre. Esta gracia divina actúa progresivamente en la historia, en los sacramentos y en los corazones de los creyentes y provee: perdón, comprensión, amor incondicional, fortaleza interior y trascendencia.
La sanación de las heridas emocionales es un proceso gradual y en muchos casos es útil buscar apoyo adicional, ya sea a través de la comunidad de fe, la consejería profesional o el apoyo de amigos y seres queridos. La gracia de Dios puede ser una guía y un consuelo en el camino hacia la sanación de las relaciones humanas. La Biblia tiene textos que ilustran la imagen de Dios como un padre amoroso que cuida y se preocupa por sus hijos:
Isaías 61, 1: El espíritu del Señor Dios está en mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres, a curar los corazones oprimidos, a anunciar la libertad a los cautivos, la liberación a los presos.
Mateo 11, 28: Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.
2 Corintios 1, 3: ¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación!
Padre Víctor M. Torres Cisneros
Para El Visitante
