Edición 41 (2026): Servir, sanar y caminar juntos
La edición 41 de El Visitante de Puerto Rico, correspondiente al 11 al 17 de octubre de 2026, recoge uno de esos momentos que quedarán inscritos en la historia de nuestra Iglesia: el comienzo del ministerio de Mons.

La edición 41 de El Visitante de Puerto Rico, correspondiente al 11 al 17 de octubre de 2026, recoge uno de esos momentos que quedarán inscritos en la historia de nuestra Iglesia: el comienzo del ministerio de Mons. Eusebio Ramos Morales como cuarto Arzobispo Metropolitano de San Juan de Puerto Rico.
Pero esta edición no quiere limitarse a registrar un acontecimiento histórico. Las palabras pronunciadas durante la toma de posesión canónica y la primera Eucaristía del nuevo Arzobispo nos ofrecen una oportunidad para preguntarnos qué Iglesia necesitamos construir en este momento concreto de Puerto Rico.
Mons. Eusebio resumió desde el comienzo el espíritu de su misión con una expresión sencilla y exigente: “Somos una Iglesia de servidores y a servir hemos venido”. No presentó su llegada como un honor personal, sino como una encomienda recibida para caminar con un pueblo concreto, acompañarlo en sus cruces y responder a sus heridas con la fuerza del Evangelio.
La realidad que encuentra no es sencilla. Puerto Rico vive transformaciones sociales, económicas y demográficas; familias heridas, violencia, emigración, pobreza, soledad y pérdida de confianza en muchas instituciones. Ante ese panorama, la Iglesia no puede contemplar la realidad desde la distancia. Está llamada a entrar en ella, escuchar sus clamores y convertirse en presencia de reconciliación, servicio y esperanza.
Por eso cobran especial significado las tres palabras que Mons. Eusebio propuso durante su primera Misa como Arzobispo: humildad, fortaleza y sanación.
Humildad para reconocer que nadie posee por sí solo todas las respuestas; para escuchar al otro y superar aquellas soberbias que impiden el diálogo. Fortaleza para no acostumbrarnos a las noticias de violencia, muerte e injusticia y atrevernos a ser portadores de buenas noticias. Y sanación porque existen demasiadas relaciones rotas, desconfianzas, heridas familiares y divisiones sociales que necesitan reconciliación.
Ese llamado no pertenece únicamente al nuevo Arzobispo. También interpela a sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos. Una nueva etapa pastoral no comienza solamente porque alguien ocupa una nueva cátedra episcopal. Comienza cuando todo el Pueblo de Dios decide asumir nuevamente su responsabilidad de evangelizar, acompañar y servir.
Mons. Eusebio lo expresó también con una invitación que trasciende los límites de la Arquidiócesis: “Soñemos, hermanos, y trabajemos juntos por este pueblo”. Su visión apunta hacia una Iglesia viva, servidora, humilde y acogedora; una casa de comunión y encuentro que sea espacio de diálogo, escucha y discernimiento.
Esta edición también permite mirar hacia atrás con gratitud. El cierre del ministerio de Mons. Roberto Octavio González Nieves, OFM, después de 27 años al frente de la Arquidiócesis, estuvo marcado por tres amores que acompañaron su servicio: Jesús, la Iglesia y Puerto Rico. Su despedida —“Amen a la Iglesia, amen a Puerto Rico, gracias”— resume un largo camino pastoral que deja huellas en la defensa de la dignidad humana, la paz, los migrantes, los pobres y nuestra identidad como pueblo.
La transición entre ambos pastores nos recuerda algo fundamental: la Iglesia no comienza nuevamente cada vez que llega un obispo. Recibe una historia, agradece lo sembrado y continúa caminando. El nuevo pastor no sustituye la memoria; la recibe y la conduce hacia una etapa distinta.
También otras páginas de esta edición amplían ese mismo llamado al servicio. El cardenal Seán O’Malley, al recibir un Doctorado Honoris Causa de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, invitó a superar la “globalización de la indiferencia” comenzando por el propio corazón y recuperando la figura evangélica del Buen Samaritano. La compasión cristiana no consiste en observar el sufrimiento desde lejos, sino en detenerse, acercarse y comprometerse.
Y desde otra realidad urgente, Mons. Roberto vuelve a invitarnos a mirar las crisis del agua, la energía y el clima como desafíos que no son únicamente técnicos o económicos. También tienen una dimensión ética y espiritual: hemos recibido la creación como don y tenemos la responsabilidad de custodiarla para quienes vendrán después de nosotros.
Incluso el papa León XIV, en su llamado al diálogo ecuménico, recuerda que Cristo no puede convertirse en una “palabra ajena” para nuestro mundo. En una sociedad donde tantas veces la fe corre el riesgo de quedar reducida a discursos internos, el desafío es volver a mostrar a Cristo mediante nuestra vida y nuestras acciones.
Quizás ahí encontramos el hilo que atraviesa toda esta edición: la fe se hace creíble cuando se convierte en servicio.
Servir es escuchar antes de hablar. Servir es acercarse a quien sufre. Servir es construir puentes en lugar de levantar nuevas divisiones. Servir es cuidar nuestra casa común, defender la dignidad del vulnerable y abrir espacios donde pueda renacer la esperanza.
Comienza una nueva etapa para la Arquidiócesis de San Juan, pero también puede comenzar una nueva oportunidad para todos nosotros.
Que la invitación de nuestro nuevo Arzobispo encuentre eco en cada parroquia, comunidad y hogar: soñar juntos, sanar juntos y trabajar juntos por Puerto Rico, poniendo siempre a Jesucristo en el centro.
