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El Visitante de Puerto Rico

Edición 36 (2026): La dignidad que estamos llamados a custodiar

La edición 36 de El Visitante de Puerto Rico, correspondiente al 6 al 12 de septiembre de 2026, nos propone una mirada amplia sobre una palabra que atraviesa muchas de sus páginas: dignidad.

Edición 36 (2026): La dignidad que estamos llamados a custodiar
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Luis Enrique RamosPor Luis Enrique Ramos5 de septiembre de 2026 · 4 min de lectura

La edición 36 de El Visitante de Puerto Rico, correspondiente al 6 al 12 de septiembre de 2026, nos propone una mirada amplia sobre una palabra que atraviesa muchas de sus páginas: dignidad. La dignidad del trabajo y de quien lo realiza, la dignidad del altar como centro de la celebración eucarística, la responsabilidad de custodiar la creación y la misión de una educación que forme personas capaces de transformar la sociedad. EVed_36.pdf

Con motivo del Día del Trabajo, esta edición nos recuerda una enseñanza que la Doctrina Social de la Iglesia ha defendido durante más de un siglo: el trabajo nunca puede reducirse solamente a productividad, salario o eficiencia. Detrás de cada empleo existe una persona, una familia, unos sueños y unas responsabilidades. Desde Rerum Novarum hasta los desafíos actuales de la inteligencia artificial, permanece un principio fundamental: el trabajo está al servicio de la persona y no la persona al servicio del trabajo.

Esta reflexión interpela también a nuestras propias instituciones eclesiales. La Iglesia enseña sobre la justicia laboral, pero al mismo tiempo es empleadora en escuelas, hospitales, parroquias, obras sociales, oficinas, medios de comunicación y tantas otras instituciones. Por eso, anunciar la dignidad del trabajo exige también preguntarnos cómo la encarnamos en nuestras propias estructuras, procurando relaciones laborales sanas y condiciones que reconozcan integralmente a quienes ponen sus talentos al servicio de la misión. EVed_36.pdf

La portada de esta semana dirige nuestra mirada hacia otro lugar profundamente sagrado: el altar. Mons. Leonardo Rodríguez Jimenes nos invita a redescubrir su sentido y a evitar que termine tratado como una mesa cualquiera, un escritorio, una vitrina o un espacio para acumular objetos. Cuidar el altar no responde meramente a una cuestión estética o disciplinaria. Es expresión de la fe, porque allí se hace presente sacramentalmente el sacrificio de Cristo y se celebra la Eucaristía, centro de la acción de gracias de la Iglesia.

Parecerían dos asuntos distantes —el mundo laboral y la liturgia—, pero ambos nos enseñan algo semejante: la manera en que tratamos las cosas revela aquello que realmente valoramos. Si creemos en la dignidad de la persona, esa convicción debe manifestarse en la forma en que trabajamos y dirigimos nuestras instituciones. Si creemos verdaderamente en el misterio que celebramos, también debe notarse en la reverencia con que cuidamos el altar y todo aquello relacionado con la Eucaristía.

Esta misma responsabilidad se extiende a la creación. El artículo de Arturo Massol Deyá sobre la crisis del agua nos invita a mirar más allá de la ausencia de lluvia. Los bosques y las cuencas hidrográficas cumplen una función esencial para mantener los caudales de nuestros ríos y alimentar los embalses. Cuando los destruimos mediante un desarrollo desordenado, comprometemos también un recurso indispensable para la vida. EVed_36.pdf

La reflexión resulta especialmente pertinente en el Mes de la Biblia y del cuidado de la creación. La Sagrada Escritura nos recuerda que el mundo es regalo de Dios y que nuestra relación con él no puede ser la de propietarios absolutos, sino la de administradores responsables. Cuidar la creación no es un tema separado de nuestra fe: es una manera concreta de amar al prójimo y pensar en las generaciones futuras. EVed_36.pdf

También la educación aparece en estas páginas como una misión que trasciende la obtención de un título. Durante la Misa de Inicio de Curso de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Mons. Geraldo Ramírez Torres recordó a los estudiantes que están llamados a ser “sal de la tierra” y “luz del mundo”. El conocimiento alcanza su plenitud cuando se convierte en servicio y cuando la preparación profesional camina junto a la honestidad, la responsabilidad, la sensibilidad ante el sufrimiento y el compromiso con el bien común.

Y en medio de todos estos desafíos resuena una afirmación sencilla del papa León XIV: “Solo el amor salva”. Ante la tentación de responder a la injusticia con odio, revancha o violencia, el Santo Padre vuelve a señalar el camino de Cristo: amar, perdonar y no permitir que el mal termine desfigurando nuestra propia humanidad. EVed_36.pdf

Quizás esa expresión permita comprender toda esta edición. El trabajo se dignifica cuando está marcado por el amor y la justicia. El altar se honra porque allí celebramos el amor de Cristo que se entrega. La creación se protege cuando entendemos que sus bienes deben servir a todos. La educación encuentra su verdadero sentido cuando forma personas capaces de poner sus conocimientos al servicio de los demás.

Custodiar la dignidad no es una idea abstracta. Se hace visible en nuestras decisiones cotidianas.

En cómo tratamos al trabajador.

En cómo veneramos lo sagrado.

En cómo cuidamos nuestros bosques y nuestra agua.

En cómo formamos a nuestros jóvenes.

Y, sobre todo, en cómo nos tratamos unos a otros.

La edición 36 nos invita precisamente a eso: a reconocer que la fe que profesamos debe hacerse visible en la forma en que trabajamos, celebramos, educamos, cuidamos y servimos.

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