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El Visitante de Puerto Rico

Edición 26 (2026): Solo Dios basta

Vivimos en una época en la que abundan las respuestas fáciles. En medio de las incertidumbres de la vida, muchas personas buscan seguridad en amuletos, supersticiones, energías, rituales o promesas que ofrecen protección inmediata.

Edición 26 (2026): Solo Dios basta
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Luis Enrique RamosPor Luis Enrique Ramos27 de junio de 2026 · 3 min de lectura

Vivimos en una época en la que abundan las respuestas fáciles. En medio de las incertidumbres de la vida, muchas personas buscan seguridad en amuletos, supersticiones, energías, rituales o promesas que ofrecen protección inmediata. Sin embargo, la Palabra de Dios sigue proclamando con la misma fuerza de siempre: “Al Señor tu Dios adorarás y solo a Él darás culto”.

La portada de esta edición nos invita precisamente a redescubrir esa verdad esencial: confiar solo en Dios. No porque la Iglesia desconozca los miedos, las preocupaciones o las necesidades humanas, sino porque sabe que únicamente en Cristo encontramos una esperanza que no decepciona. La fe no necesita complementarse con objetos cargados de supuestos poderes ni con prácticas que desvían el corazón de quien es el único Señor de la historia.

Muchas de estas expresiones nacen, más que de la maldad, del desconocimiento y del deseo sincero de sentirse protegidos. Precisamente por eso la respuesta de la Iglesia nunca debe ser el juicio, sino la catequesis, el acompañamiento y la evangelización. Como explica el padre Carlos Manuel Grullón, detrás de muchas supersticiones existe un anhelo auténtico de Dios que necesita ser iluminado por una formación sólida en la fe. Cada una de estas situaciones representa una oportunidad para anunciar nuevamente el Evangelio y conducir a las personas hacia una confianza plena en Jesucristo.

Pero esta edición también nos recuerda que la confianza en Dios se expresa en gestos concretos de solidaridad. El llamado del Arzobispo Roberto González Nieves ante la crisis del agua en Puerto Rico nos invita a que nuestras parroquias se conviertan en verdaderos oasis de esperanza para quienes hoy sufren la escasez de un recurso tan esencial para la vida. La fe auténtica nunca permanece encerrada en el templo; siempre se traduce en servicio, compasión y compromiso con los más vulnerables.

Ese mismo espíritu se hace visible en el Proyecto Renacer, donde personas marcadas por las adicciones encuentran no solo atención profesional, sino también una comunidad que les devuelve la dignidad y les anuncia que siempre es posible comenzar de nuevo. Allí comprobamos que el poder de Dios sigue transformando vidas cuando alguien decide tender una mano en lugar de pasar de largo.

Mientras el mundo busca seguridades pasajeras, el Evangelio continúa proponiendo una confianza que nace del encuentro con Cristo. Esa confianza no elimina automáticamente las dificultades, pero nos sostiene en medio de ellas. No depende de la suerte, sino de la providencia. No nace del miedo, sino de la fe.

Que esta edición nos ayude a examinar dónde hemos puesto realmente nuestra confianza. Que podamos renovar nuestra fe en el Señor, abandonar todo aquello que nos aleje de Él y recordar que el mayor amuleto que puede tener un cristiano no es un objeto, sino una vida vivida en gracia, alimentada por la oración, fortalecida por los sacramentos y sostenida por el amor de Dios.

Porque cuando Cristo ocupa el centro de nuestra vida, ya no necesitamos buscar seguridad en ningún otro lugar.

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