Dios que ha estado con la Iglesia desde que es Iglesia
El Libro de los Hechos de los Apóstoles nos relata el episodio del Pentecostés, poniéndonos en sintonía con nuestra Solemnidad de hoy.

El Libro de los Hechos de los Apóstoles nos relata el episodio del Pentecostés, poniéndonos en sintonía con nuestra Solemnidad de hoy.
En Primera de Corintios, San Pablo nos explica que, en esta única Iglesia de Jesucristo, el Espíritu Santo suscita los diversos dones, carismas y ministerios necesarios para que la Iglesia cumpla con su misión.
San Juan en su Evangelio nos dice, que, de entrada, Jesucristo Resucitado derrama sobre a sus Apóstoles el Espíritu Santo, para que cumplan con la misión a la cual están llamados.
No nos hemos dado cuento, a menos que en las homilías se haya hecho patente, pero, desde que celebramos la Pascua del Señor, el Espíritu Santo ha tomado el protagonismo de este tiempo, para dirigir la Iglesia desde que Jesucristo ascendió a los cielos. De hecho, desde que comenzamos a celebrar la Pascua, la primera Lectura de todas nuestras misas ha sido el Libro de los Hechos de los Apóstoles, en donde el Espíritu Santo ha sido el personaje principal que ha guiado a la Iglesia. Y, de hecho, esta ha sido la intención del mismo Jesucristo, que desde que resucitó, derramó el Espíritu Santo a la Iglesia para que la acompañe. Es más, desde antes de morir, ya Jesús les está diciendo a los Apóstoles que se tiene que ir, pero, que, desde ahora en adelante, será el Espíritu Santo quien acompañe, conduzca y dirija la Iglesia.
Muchas veces pensamos al Espíritu Santo como una paloma, una fuerza, un Espíritu especial y se nos olvida que el Espíritu Santo es Dios, es Señor, tan grande y omnipotente como el padre y el hijo. Es una persona, la tercera persona de la Santísima Trinidad. Es por eso por lo que siempre digo que yo no le tengo devoción el Espíritu Santo porque la devoción es algo opcional. ¡NO! Al Espíritu Santo yo lo adoro, yo le rindo pleitesía, le pido que se apodere de mí, de mi ser como Dios que es. No es redundante decir que el Espíritu Santo es tan Señor para mí como lo es Jesucristo.
Un sacramento que es muy subestimado es el Sacramento de la Confirmación. A través de este sacramento, nosotros recibimos los Siete Dones del Espíritu Santo. Para decirlo como lo dicen nuestros jóvenes ahora, recibimos 7 superpoderes, superpoderes que debemos de cultivar y dejar que el Espíritu Santo los haga florecer dentro de nosotros: Sabiduría, Entendimiento, Piedad, Consejo, Ciencia, Temor de Dios y Fortaleza, amén de otros dones que nos puede dar como clarividencia, lenguas, sanación, palabra (predicación) descanso, profecía, dones éstos que nos los puede dar de manera excepcional. ¿Qué nos dice San Pablo en la segunda lectura de hoy? Nos dice que el Espíritu Santo suscita en nosotros los dones necesarios para que la Iglesia continúe la obra evangelizadora de Dios, haga a Dios presente en este mundo y sea fuente de santificación y salvación en este mundo. De la misma manera que, en pasados domingos, vimos cómo el Espíritu Santo suscitó a los diáconos, hoy nos ha suscitado al Papa León XIV.
