Corrección fraternal: lo que está mal, ¡está mal!
En el libro del Profeta Ezequiel, Dios constituye al profeta como “centinela” o atalaya del pueblo. Tiene el deber de advertir al malvado para que cambie de conducta; si no lo hace, se vuelve corresponsable de su suerte.

En el libro del Profeta Ezequiel, Dios constituye al profeta como “centinela” o atalaya del pueblo. Tiene el deber de advertir al malvado para que cambie de conducta; si no lo hace, se vuelve corresponsable de su suerte.
San Pablo en la Carta a los Romanos, afirma que el amor es el pleno cumplimiento de la ley civil y religiosa. Quien ama al prójimo no le hace daño, resumiendo todos los mandamientos en uno solo.
En el Evangelio de San Mateo, Jesús establece el protocolo de la corrección fraterna en tres pasos bien estructurados dentro de la Iglesia. Lo importante de todo es, que la corrección fraterna hay que hacerla.
“Bien te quiere, bien te hiere”. Este refrán enseña que las personas que quieren a uno de verdad corrigen a uno cuando uno está mal para que uno crezca, madure y haga las cosas bien. Lamentablemente en nuestros días, hay dos tendencias psico-sociales que se han impuesto. La primera es que, con eso de el que te quiere te acepta como eres, no te corrige y te permite hacer todo lo que te dé la gana en hacer. Lo otro es, que no se puede corregir en público.
Nosotros los cristianos contamos con dos imperativos categóricos, dos reglas de vida que, de violarlas, tenemos que atenernos a las consecuencias. La primera es Los 10 Mandamientos y la segunda es el Sermón de la Montaña de Jesucristo. Estas dos series de leyes, estas dos reglas de vida, son los imperativos con los que nos debemos de conducir en la vida. La famosa muletilla de Jesucristo: “ir al lugar del llanto y rechinar de dientes”, o sea el infierno, es una realidad real, no una moda que se predicaba desde antiguo y que será real para todos los que se llamen cristianos pero que no sigan los mandatos del Señor.
Dios le indica a Ezequiel, en la primera lectura, que lo ha constituido como profeta para que, de entre las cosas que debe pronunciar, está la de corregir al pueblo cuando el pueblo se aleja de los designios del Señor, so pena de que él también recibirá idéntico castigo. Esto nos deja ver que, nosotros todos, que por virtud del sacramento del Bautismo somos profetas, y por tanto, estamos llamados a corregir a nuestro hermano cuando está errado. Nuestra fe cristiana no es algo que se viva aisladamente sino de manera comunitaria, de manera eclesial. Una de las razones por las cuales Jesucristo fundó la Iglesia es para que nosotros nos ayudemos mutuamente los unos a los otros.
¿Qué pasa con la corrección a solas, vs la comunitaria? Pasa como con muchos pasajes bíblicos: nos quedamos con una parte y pasamos por alto el texto completo. El texto comienza hablando que la corrección se debe comenzar a solas pero, si el corregido persiste en su error o maldad, la corrección se debe llevar al ámbito público, al ámbito eclesial, al punto de Jesucristo decir que, si frente al público el hermano sigue en su pecado, hay que excomulgarlo. Esta palabrita que tanto nos choca, la utiliza el mismísimo Jesucristo. Además, con respecto a la corrección pública, hay momentos que se debe hacer así, como cuando alguien hace algo malo al frente de todo el mundo. Hay que regañarlo frente a todo el mundo para que se sepa que una conducta así no es tolerada en la Iglesia.
