Ciudades para todos: arquitectura que devuelve la persona al centro
¿Qué ocurre cuando un espacio pensado para estacionar un automóvil se transforma, aunque sea por unas horas, en un lugar para encontrarse, conversar, crear o simplemente permanecer?

¿Qué ocurre cuando un espacio pensado para estacionar un automóvil se transforma, aunque sea por unas horas, en un lugar para encontrarse, conversar, crear o simplemente permanecer?
Esa pregunta está detrás de PARK(ing) Day, una iniciativa internacional de arte público y participación ciudadana que, desde 2005, invita a transformar temporalmente espacios de estacionamiento en pequeños parques destinados al arte, el juego y otras actividades comunitarias.
La Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR) se unió a la iniciativa desde Ponce, provocando no solo una intervención del espacio urbano, sino una reflexión sobre quién ocupa nuestras ciudades y para quién están siendo diseñadas.
En entrevista con El Visitante, Juan Emmanuelli, AIA, NCARB, CAAPPR, decano de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCPR, planteó que esta discusión trasciende los edificios. La arquitectura, explicó, forma parte de un ecosistema mucho más amplio: la ciudad.
“Un edificio es como un cuerpo humano”, explicó al comparar su envolvente con la piel, su estructura con el esqueleto y los distintos sistemas que permiten su funcionamiento. Sin embargo, el edificio no existe aislado, sino dentro de un entorno donde ocurre la vida de las personas.
Por eso, al hablar de ciudad, Emmanuelli dirige la mirada hacia algo que puede pasar inadvertido: “no es el edificio, es el espacio entre edificios”.

Una ciudad donde nadie sea invisible
La reflexión adquiere particular relevancia ante el llamado del Santo Padre a pensar ciudades donde las personas no sean invisibles.
Para Emmanuelli, esa invisibilidad no es solamente física. También ocurre cuando las personas no se sienten representadas por su ciudad o perciben que esta no está a su servicio.
En ese escenario entran conceptos fundamentales como dignidad, pertenencia, comunidad, inclusión y acceso.
Una ciudad verdaderamente humana, sostuvo, necesita espacios capaces de recibir a todos. No basta con que un lugar exista: las personas tienen que poder llegar, utilizarlo y encontrar razones para permanecer allí.
El reto cobra mayor relevancia en una sociedad donde gran parte de la infraestructura urbana se ha desarrollado alrededor del automóvil.
“Si diseñé para el auto, no para la persona”, expresó Emmanuelli al reflexionar sobre las consecuencias de esa manera de concebir el desarrollo urbano.
La accesibilidad tampoco termina en eliminar una barrera física. Implica preguntarse quién puede llegar, cómo llega y si ese espacio permite participar de la vida de la comunidad.
Emmanuelli mencionó el concepto de la ciudad 8-80: si una ciudad puede funcionar adecuadamente tanto para un niño de ocho años como para una persona de 80, probablemente responderá mejor a las necesidades de todos.
Formar arquitectos que hayan vivido la ciudad
Esta visión también forma parte del desafío educativo de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCPR, establecida en el centro histórico de Ponce.
Para Emmanuelli, esa ubicación brinda una oportunidad particular. Muchos estudiantes proceden de contextos suburbanos o rurales sin haber experimentado plenamente la dinámica cotidiana de un centro urbano.
A esto se suma una generación que ha crecido en un ambiente profundamente digital, realidad que se intensificó luego de la pandemia.
De ahí que la formación del arquitecto no pueda ocurrir exclusivamente dentro del salón de clases.
“Un estudiante de nosotros no necesariamente puede entender o tan siquiera fomentar esto que el Papa nos está diciendo si no lo ha vivido. Es bien difícil”, afirmó.
Por eso, la Escuela procura exponer a sus estudiantes a experiencias que les permitan descubrir el valor del espacio público, la interacción humana y la vida comunitaria.
PARK(ing) Day se convierte así en algo más que transformar temporalmente un estacionamiento. Funciona como un pequeño laboratorio urbano: tomar un espacio reservado para una máquina y preguntarse qué podría suceder si fuese devuelto a las personas.

De las buenas ideas a ciudades que perduren
Pero transformar la ciudad requiere algo más que buenas iniciativas.
Emmanuelli señaló entre los obstáculos en Puerto Rico la dificultad para sostener una visión de planificación más allá de los cambios administrativos.
Como contraste, mencionó el caso de Medellín, Colombia, donde distintas administraciones dieron continuidad a una visión de desarrollo y conexión de la ciudad. La lección que destacó fue precisamente la continuidad.
Las iniciativas urbanas pueden estar bien intencionadas, pero “si se quedan como una idea, nunca hay ningún resultado”, advirtió.
Pensar ciudades verdaderamente humanas exige planificación, mecanismos para ejecutar los proyectos y herramientas para evaluar sus resultados.
En el fondo, la discusión regresa a una pregunta fundamental: ¿para quién construimos la ciudad?
