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El Visitante de Puerto Rico

¡ARCHIPIÉLAGO DEL ENCANTO Y BENDITO SUELO DE DIOS!

Desde años este semanario lleva acuñando y defendiendo el término archipiélago borincano o boricua e impulsando que este bendito suelo de Dios sostiene los pasos del pueblo de Dios que peregrina en las seis diócesis de este país de…

¡ARCHIPIÉLAGO DEL ENCANTO Y BENDITO SUELO DE DIOS!
Enrique I. López LópezPor Enrique I. López López31 de octubre de 2024 · 3 min de lectura

Desde años este semanario lleva acuñando y defendiendo el término archipiélago borincano o boricua e impulsando que este bendito suelo de Dios sostiene los pasos del pueblo de Dios que peregrina en las seis diócesis de este país de litorales costeros, montañas, ríos, mogotes, playas y bosques lluviosos. Por eso, detenemos nuestro proceso usual del periódico para tomarnos una pausa y en estas líneas enfatizar en los rostros preciosos de nuestra gente y en la belleza de la tierra que providentemente Dios nos ha encomendado habitar y cuidar. Esto lo escribo para contradecir enfática y contundentemente a la broma de mal gusto que hiciera el comediante Tony Hinchcliffe como parte del programa y preámbulo del discurso del expresidente y candidato presidencial, Donald Trump, en uno de sus mítines electorales de campaña en Nueva York.

Somo archipiélago borincano, sí, esto para incluir y subrayar a las realidades de nuestros municipios de Vieques y Culebra. Este archipiélago cuenta con un tesoro invaluable: el pueblo de Dios; una nación con mucha fe, con identidad y con dignidad, llena de rostros hermosos que llevan consigo sueños, anhelos, virtudes, esperanzas y que caminamos juntos en clave sinodal-misionera en las seis diócesis de Puerto Rico. Caminamos para trabajar en forjar la patria celeste aquí y ahora.

Nuestra zapata es sólida, el país literalmente está cimentado con fuerza en su lugar, no va para ningún lado y no nos vamos a hundir. Aquí hemos aguantado y sobrevivido todo, desde huracanes, terremotos y pandemias hasta corrupciones y malos tratos. El pueblo está con los pies bien puestos en la tierra porque sufrimos nuestras vicisitudes, sufrimos nuestra propia realidad que nos golpea con apagones, no vivimos en las tierras de fantasía donde todo es regalado, sino en un país que quebró y que tropieza en responder hasta a las necesitades más básicas. Sobre todo eso, la Santa Alegría es el estilo de vida boricua; nuestro pueblo da cátedra de buen humor ante la adversidad y sabe de buen vacilón. ¡Mi gente es un encanto!

Nos situamos entre las aguas profundas del Océano Atlántico y las cálidas aguas del Mar Caribe, aguas rebosantes de vida que compartimos junto a otros pueblos hermanos caribeños. Esas aguas benditas, azul turquesa, son parte de nuestro horizonte, de nuestro diario vivir. Dios bendiga a Puerto Rico, Dios bendiga a nuestra gente y que la Virgen Madre de la Divina Providencia ampare siempre a nuestro pueblo.

Aquella broma mezquina y siniestra mezcló el mal gusto con la imprecisión total. Urge la sensatez, urge la disculpa a un pueblo, urge abandonar el falso humor que lleva odio entre sus líneas y que se convierte en burla. Urge abandonar las actitudes que buscan humillar, insultar, maltratar y lacerar. Urge erradicar todas las formas de violencia incluidas las verbal y psicológicas. Urge el cambio desde el corazón. No hay disculpa sincera si no hay un cambio en el corazón, en la vida, en la palabra, pero en la mente, el corazón y en la acción.

Nuestro querido Arzobispo Roberto se ha expresado sobre esta “broma” que se burla de todos nosotros los boricuas aquí en el batey y allá en la diáspora (Ver página 4). Sirven estas líneas de apoyo a su mensaje y defensa de los puertorriqueños.

Enrique I. López López

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