Saltar al contenido
El Visitante de Puerto Rico

Ante el Sucesor de Pedro

En el marco de la Visita Ad Limina Apostolorum tuve el privilegio inmerecido de saludar al Papa León XIV, Sucesor de Pedro y pastor de la Iglesia universal.

Ante el Sucesor de Pedro
Luis Enrique RamosPor Luis Enrique Ramos10 de febrero de 2026 · 2 min de lectura

En el marco de la Visita Ad Limina Apostolorum tuve el privilegio inmerecido de saludar al Papa León XIV, Sucesor de Pedro y pastor de la Iglesia universal. Como suele ocurrir ante momentos que intuimos trascendentales, antes del encuentro había preparado palabras, preguntas e ideas. Sin embargo, cuando llegó el instante del saludo, todo eso desapareció. Me quedé en silencio.

Y fue entonces cuando comprendí que no hacía falta decir nada.

Su presencia, su sonrisa serena y su mirada profunda bastaron para entender que estaba ante algo que va más allá de la solemnidad de un cargo o la majestuosidad de los espacios que lo rodean. Detrás del Palacio Apostólico, de la Basílica de San Pedro y de los muros cargados de historia, hay un hombre que ha dejado de pertenecerse a sí mismo para convertirse en servidor y guía espiritual de más de mil millones de católicos en todo el mundo.

Las únicas palabras que pude pronunciar fueron sencillas, casi instinctivas: “Santo Padre, oro por usted”. Él respondió con una leve inclinación de cabeza, una sonrisa discreta y el gesto silencioso de entregarme un rosario. En ese intercambio breve, sin discursos ni formalismos, se condensó una experiencia profundamente humana y espiritual.

Hay momentos en la vida en los que Dios nos coloca en escenarios que no comprendemos del todo, o que sentimos que no merecemos. Ante el Santo Padre comprendí que esos momentos no buscan engrandecernos, sino recordarnos que no caminamos solos. Su sonrisa fue, para mí, un signo claro de que Dios sostiene acompaña y fortalece a su pueblo, incluso cuando el cansancio, la duda o el peso de las responsabilidades parecen abrumar.

Pensé entonces en Moisés, cuando Dios lo envía ante el faraón. Moisés duda, se excusa, se siente incapaz. Y la respuesta divina es clara: “Yo estaré contigo”. Ese mismo mensaje pareció resonar en aquel encuentro: Dios está con nosotros, sin importar nuestras limitaciones ni las circunstancias que nos toque vivir.

Si hoy pudiera volver a encontrarme con el Santo Padre, no estoy seguro de que cambiaría ese silencio por palabras más elaboradas. Tal vez bastaría, una vez más, su mirada profunda y su sonrisa serena. En ellas quedó grabada una verdad esencial: no necesitamos palabras; Dios nos ama y nos concedela fortaleza necesaria para seguir caminando con esperanza.

Newsletter

Recibe una lectura serena de la semana

Noticias, editoriales y formación católica seleccionadas por la redacción, directo a tu correo.

Donativos

Apoya la misión de la prensa católica en Puerto Rico

Tu aportación sostiene cobertura responsable, formación editorial, presencia en las diócesis y herramientas digitales para servir mejor al país.