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El Visitante de Puerto Rico

¿AMAS?

Como ya bien sabemos, el Deuteronomio trata de los últimos consejos de Moisés al pueblo de Israel antes de él despedirse e ir a morir y el pueblo tomar posesión de la Tierra Prometida.

¿AMAS?
Padre Rafael “Felo” MéndezPor Padre Rafael “Felo” Méndez3 de noviembre de 2024 · 3 min de lectura

Como ya bien sabemos, el Deuteronomio trata de los últimos consejos de Moisés al pueblo de Israel antes de él despedirse e ir a morir y el pueblo tomar posesión de la Tierra Prometida.

Continúa la Carta a los Hebreos profundizándonos sobre el significado del sacerdocio de Jesucristo.

En el Evangelio de San Marcos, Jesucristo establece que el mayor mandamiento es AMAR, primeramente, a Dios y luego a la persona que está próxima a ti.

Antes de entrar en calor con el Santo Evangelio, conviene entrar en la reflexión de este pasaje de la Carta a los Hebreos. Ya el misterioso autor establece que este sacerdocio es más antiguo que el de la religión judía, sembrando sus raíces en el misterioso Melquisedec, Rey-Sacerdote de Salem. Jesucristo es sacerdote, no porque no sea levita (recordemos que Jesús era de la tribu de Judá y no de Levi, propiamente dicho) y es esto lo que hace a Jesucristo Sacerdote-Rey. Su sacerdocio es mayor al del judío, puesto que le bastó un solo sacrificio, su muerte en la Cruz, para salvar la humanidad entera, a diferencia del judío, que solo pretendía salvar los judíos, y limitado a que tienen que matar animales una y otra vez.

Como dice el Autor de los Hebreos, al sacerdocio de Jesucristo es más grande, porque sólo necesitó un sacrificio, el suyo en la Cruz, para salvar a la humanidad. Si la misa es el sacrificio de Jesucristo en la Cruz, ¿por qué los sacerdotes repiten lo mismo? Porque Jesucristo lo mandó. Cada vez que celebramos la misa, no estamos “atacuñando” un nuevo sacrificio, sino que estamos prolongando, haciendo presente aquel mismo sacrificio que Jesucristo realizó en la Cruz para que nosotros, 20 siglos después, continúe prolongado este sacrificio que no está en la Biblia de manera explícita, sino implícita en la boca del Redentor. Este sacrificio se prolonga en la historia, para que nosotros podamos participar de sus beneficios.

Ya sabemos que los mandamientos se concentran en dos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Moisés ha llevado al pueblo de Israel por el desierto por espacio de 40 años. Por fin llegan al rio Jordán para cruzarlo. Pero antes, tiene que darle al pueblo los últimos mandamientos a manera de testamento para ir a su encuentro definitivo con Dios, y el pueblo va a cruzar el Río Jordán para tomar posesión esta tierra. Pues al momento de comenzar su discurso, menciona una y otra vez la primacía de Dios para el pueblo Israel para que el pueblo nunca se olvide de que Dios es su Dios una vez esté en esta tierra, llena de idólatras que adoran otros dioses.

Jesucristo retoma este pasaje, para aclararle al escriba en dónde está parado como pueblo de Israel. Pero, Jesucristo le da más carne al mandamiento, cuando añade que debemos amar y proteger al próximo. ¿Qué significa entonces esto de amar? Amar es entregarse uno a Dios y al prójimo. No podemos pretender que amamos a Dios y al prójimo lo echamos al un lado. Jesucristo defiende vehementemente esta gran verdad en todos los lugares a los cuales había ido. Estos dos mandamientos tienen su eco en la 1ra Carta de San Juan: “si dices que amas a Dios, quien no ves, y no amas al prójimo a quien ves, eres un hipócrita. Y ese amor es abrirse a Dios y al prójimo, apoyarlos, acompañarlos, ayudarlos, abrazarlos. ¿Tú lo haces?

P. Rafael “Felo” Méndez

Para El Visitante

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