AMPLIANDO: MÁS ALLÁ DEL CELU-TABLET
Nada de reproches repetitivos, se trata de las oportunidades que perdemos. El otro día estuve con mi familia en una mañana veraniega en un parque de niños junto a mi pequeña estrellita de los mares.

Nada de reproches repetitivos, se trata de las oportunidades que perdemos. El otro día estuve con mi familia en una mañana veraniega en un parque de niños junto a mi pequeña estrellita de los mares. Cuando el sol apretó, mi esposa que sabe que soy como el múcaro que le huye al sol, me pidió que las esperara bajo en la sombre mientras se terminaba el brincoteo y las chorreras. Fue un instante de hermosa contemplación y gratitud a Dios bajo un palmar. Al ver a mi alrededor, vi otros padres en sus celulares con los sonidos característicos de los juegos. La balanza sopesa con la atención que reclaman los hijos como una necesidad apremiante. La balanza sopesa la virtualidad contra la realidad.
Tal vez la atención al celular-tableta repunta con drama y emoción en las relaciones humanas. Pero, no es solo eso lo que perdemos por “el trabajo remoto” y “las emergencias digitales”. Aquí algo de lo que nos perdemos si vivimos predominantemente en la virtualidad: la relación íntima con Dios en la oración, la hermosa creación de Dios que sana el alma y los pequeños detalles en los que Dios se revela en el rostro humano del que sufre y espera por compañía o ayuda. Ante esto salta la pregunta: ¿La oración y presencia virtuales cuentan? Tal vez sí o tal vez no, pero, la reflexión apremia. Aunque ya creo que el cadenero que copia y pega oraciones a todos sus contactos e inunda la virtualidad ora por un ejército, aunque no hace un rosario. Y escribir mensajes de acompañamiento no sustituyen una visita o el viejo en el sillón del balcón no la siente igual… Aunque intuyo que lo virtual tiene cierto valor.
Aquí entra el duro tema de la asistencia a las misas virtuales que se transmiten en las redes sociales todas las semanas. Ciertamente, es mejor sintonizarla que no asistir a ninguna misa real o virtual, pero, jamás podría sustituirla porque la Eucaristía no es de pixeles. La Santa Misa y el Pan de Vida son es 100% reales y más porque se reúne la iglesia que peregrina con la penitente y la triunfante en un mismo recinto sacro. La realidad es que muchos no han regresado a los templos desde la pandemia. Y la pérdida es grande porque se privan el Pan Vivo, del compartir la paz, de la oración colectiva, de la bendición, de la comunidad parroquial… Los que no asisten pierden la realidad, los que asisten pierden a sus hermanos. Habrá que salir al encuentro, buscarlos en clave misionera, invitarlos, romper esquemas, ¡hacer algo!…
Al final, el celu-tablet es una herramienta que también dejaremos atrás cuando Dios nos llame. En aquel momento, nuestras obras amorosas serán premiadas por Dios. ¡Aprovechemos más el tiempo en la realidad y no tanto en la virtualidad!
Enrique I. López López
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