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El Visitante de Puerto Rico

Sobre estrellas e ideales

Me decía una amiga mía el otro día que cuando era niña su abuela le contaba una historia que ella asociaba a la Fiesta de Reyes. Había «dos presos» en un calabozo oscuro. Estaban desprovistos de todo.

Rubén GonzálezPor Rubén González3 de enero de 2015 · 2 min de lectura

Me decía una amiga mía el otro día que cuando era niña su abuela le contaba una historia que ella asociaba a la Fiesta de Reyes. Había «dos presos» en un calabozo oscuro. Estaban desprovistos de todo. Un día, subiéndose uno encima del otro, consiguieron mirar al exterior por una ventana alta de su celda. Al sentarse otra vez en el suelo se preguntaron: “Tú, ¿qué viste?”. Uno dijo: “¡Nada! Barro, oscuridad, un suelo encharcado. Y ¿tú?”. Él respondió: “He visto un cielo muy oscuro, pero lleno de estrellas”.

La Humanidad es así. Un sector de la misma anda empeñado en no ver otra cosa en la vida más que «barro, oscuridad, suelos encharcados». Es verdad que no vivimos en un mundo color de rosa y que el mal prolifera. Pero también es verdad que «la noche está cuajada de estrellas» y que el ser humano está llamado a ser un «pescador de estrellas».

Las lecturas de hoy nos dicen que «unos magos llegaron a Jerusalén diciendo: “¿Dónde está el Rey de los judíos?; porque hemos visto su estrella”.

A simple vista, parece el principio de un cuento infantil. Pero, esta historia ha interesado siempre a todos: «los sabios y prudentes» y a «la gente sencilla». Los primeros, nos han desmitificado algunas cosas: que no eran reyes, como ha querido la tradición; que no eran «magos», que no sabemos si eran tres o cuatro, o doce; que tampoco podemos asegurar que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar. Pero estos «sabios prudentes» están de acuerdo con «la gente sencilla» en que la estrella que les puso en camino tenía que ver mucho con la profecía de Balaán: «Una estrella se levantará de Jacob…», y se pusieron en marcha, enseñándonos tres cosas.

UNA.–Que necesitamos una estrella. No podemos vivir sin norte, sin unos ideales. DOS.–Que el «seguir una estrella conlleva dificultades». Ellos las tuvieron, sin duda: hubo miedo, riesgos, burlas… Pero se lanzaron y… vencieron. Y TRES–Que «el seguir una estrella purifica siempre la fe». Porque al final lo que encontraron fue: «al niño con María, su madre». Allí no había tronos, ni boatos. Solo la fragilidad de un niño en la pobreza de un pesebre. Pero CREYERON: «Abriendo sus cofres, se arrodillaron y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra». ¿Te animas?

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