Hermanos Núñez: unidos por la sangre y la vocación
A los hermanos Baltazar y Félix Núñez los une además de la sangre, el inmenso amor que le tienen a Dios. Por eso ambos optaron por consagrar su vida al Todopoderoso, en épocas distintas, pero con el mismo entusiasmo de dar el todo por los…

A los hermanos Baltazar y Félix Núñez los une además de la sangre, el inmenso amor que le tienen a Dios. Por eso ambos optaron por consagrar su vida al Todopoderoso, en épocas distintas, pero con el mismo entusiasmo de dar el todo por los demás.
Padre Baltazar, el tercero de siete hermanos y el segundo varón, nació en Brooklyn, Nueva York aunque se siente aiboniteño. Manifestó que su vocación estuvo muy ligada a que vivían a dos kilómetros de lo que hoy se conoce como Casa Manresa en Aibonito, pero que en aquella época era el Seminario San Idelfonso. “El seminario fue una influencia grande para mí, para definir mi vocación. Además mi madre era muy devota. Estaba bien metida en la Iglesia. Estuve a cargo de los servidores del altar. Fui líder juvenil, catequista., estuve en el equipo vocacional”, especificó el clérigo que lleva 28 años de ordenado.
Aclaró que no quiso entrar al seminario en cuarto año porque anhelaba estudiar Ciencias Naturales, pero Dios tenía otros planes para él. Estudió 1 año en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey y luego entró al Seminario de la Diócesis de Caguas. Además de ser sacerdote tiene una maestría en Trabajo Social y aunque no lo ejerció, afirmó que este conocimiento lo ha puesto en práctica cuando atiende a sus feligreses.
Hace 6 años está asignado en la Parroquia San Antonio de Padua en Barranquitas en la que aseguró que es la parroquia donde más años lleva, porque en las demás ha estado de forma transitoria. El también profesor de Teología Sistemática en el Centro de Estudios de los Dominicos del Caribe (CEDOC), ofrece cursos a estudiantes de maestría en Teología.
Mientras su hermano, Padre Félix Núñez, mejor conocido como P. Felito y quien está próximo a cumplir 17 años como sacerdote contó que nació en Ponce por complicaciones médicas pero, al igual que su hermano, su corazón está en Aibonito. P. Felito también estuvo involucrado en la Iglesia en su adolescencia y juventud. Fue monaguillo desde los 7 hasta los 17 años. Además, tuvo experiencia en misiones, participó en Verano Misionero, fue catequista, líder comunitario y de la Pastoral Universitaria mientras era estudiante.
Comenzó estudios en Química en el Recinto de Cayey. En su tercer año de carrera inició su proceso de discernimiento e ingresó al Seminario. En la Universidad Central de Bayamón completó su bachillerato en Química. Sus últimos años de Teología los hizo en España y una vez fue ordenado sacerdote lo enviaron a estudiar Derecho Canónico. Actualmente es el Vicario Judicial de la Diócesis de Caguas. A su vez es profesor en Derecho Canónico en el CEDOC y en el Seminario Propedéutico en Comerío.
“Mi hermano mayor es químico, el segundo es sacerdote y yo soy químico y sacerdote. Soy la síntesis de los dos”, detalló entre risas. Añadió que: “aunque hay una diferencia marcada en años entre él y yo cuando nos estábamos criando era una relación vertical, pero uno llega a cierta madurez y te das cuenta de que no hay tal diferencia”.
Contrario a su hermano, tuvo varias novias que llevó a casa de sus padres. Incluso cuando entró al pre seminario (experiencia de una vez al mes) para el proceso de discernimiento estaba comprometido. Le dije a ella: “Si lo mío es el matrimonio, nos casamos, pero si es el sacerdocio, lo dejamos aquí”.
El también párroco de la Parroquia Espíritu Santo de Aguas Buenas –a quien le gusta practicar karate, correr motora, cuidar y montar a caballo– expresó que quizás no ha estado a la altura de ser el sacerdote que Dios quería, pero si está seguro que Dios quería que él fuera sacerdote.
“Estoy bien claro que esto (la vocación) era lo mío. Yo no he estado necesariamente a la altura de ese llamado, en eso estamos. Nunca he tenido una crisis vocacional pensando que tal vez me equivoqué. Sé que pude haber sido un buen esposo, pero Dios quería que fuera un buen sacerdote”, admitió.
Sobre sus padres, ambos coincidieron que sus viejos -como les llaman- son extraordinarios. “La familia siempre será el oasis. La casa donde llegas a descansar y repones fuerzas para continuar”, dijo P. Baltazar quien disfruta jugar dominó, leer un buen libro y escuchar música cuando dispone de tiempo libre.
